Beauchef 850. Movimiento estudiantil de los 80

Beauchef 850 170 putacional central fue coordinado, diseñado y programado por tres jóvenes ingenieros en Computación: Didier de Saint Pierre, Juan Claudio Navarro y Marcelo San Martín. Todos ellos habían tenido activa participación en el movimiento es- tudiantil de Beauchef. En cada lugar de votación había un “chasqui” (así lo llama - ron, aludiendo a los mensajeros del imperio incaico), que se diri - gía al Centro de Acopio y entregaba la cartilla con los resultados de las mesas, con los datos proporcionados por los apoderados del “No”. Ahí las cartillas se enviaban por fax al Centro de Pro - cesamiento de Santiago, donde las ventanas se habían protegido con planchas de acero por si alguien llegaba a disparar. En el Cen- tro de Procesamiento se recibían las plantillas y eran inmediata- mente digitadas y agregadas al minicomputador marca Tower (NCR), que había sido escogido como cerebro del sistema por sus capacidades de cómputo pero, sobre todo, porque el equipo de desarrolladores lo conocía muy bien: habían estudiado en él. El SRP fue probado varias veces antes del 5 de octubre (el “Día P”, le llamaban), con tres marchas blancas. Un apagón, ocurrido el día anterior, les permitió verificar el equipo electró - geno, arrendado para la ocasión, previendo que el “Día P” po - dían cortarles la luz. Los Centros de Acopio y Transmisión fueron aportes de ONGs, empresas privadas y particulares. Así, el “Día P” ya parecían anticipados todos los problemas que podían acontecer. Juan Álvarez relata que solo un Centro de Aco - pio, ubicado en Lota, fue intervenido por una patrulla de las Fuerzas Armadas, y los de Viña del Mar, Valparaíso y La Serena, inspeccionados por autoridades militares. 314 Fer- nando Ortiz, uno de los responsables territoriales, relata este caso: “Uno de los centros a mi cargo de monitorear fue Lota. Operaba desde la sede de un club deportivo de barrio, porque nadie se atrevió a hacerlo desde su casa. Semanas antes había estado allí, capacitándolos. Ana era la única mu - jer del grupo. En la noche del 5, por la televisión no daban los cómputos, pero sí un capítulo de la serie Hawai 5-0 . Sonó mi teléfono. Era Ana, desde Lota. Agitada, me cuenta que solo ella quedaba aguantando allí y quería faxear una úl- tima hoja con cómputos. Pero justo en esos momentos, ca- rabineros forzaron las puertas. Yo desde el teléfono podía escucharlo. Entonces la voz de Ana se pierde. El auricular 314 Juan Álvarez, op. cit.

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