Beauchef 850. Movimiento estudiantil de los 80
Movimiento Estudiantil de los 80 149 molotov y hostigando a manifestantes que concurrían al desfi - le de Alameda”. Ese “desfile” era una actividad de adherentes a Pinochet, tras el atentado, algunos de los cuales se dirigían a La Moneda desde el Parque O’Higgins. Supuestamente, ha- brían recibido abucheos desde Beauchef. 268 Lamana le refutó, señalándole que eso no se ajustaba a los hechos y que todos los detenidos eran inocentes. Tras diversas tratativas, solo consi- guió la libertad de once de los 14 detenidos, y así lo informó al CF, donde planteó la urgencia de realizar un sumario por- que, además de daños a los bienes provocados por las Fuer- zas Especiales, habían efectuado también robos de objetos. En la sesión además reiteró “la posición de la Facultad de que la fuerza pública no puede ingresar a la universidad, salvo por petición expresa del decano”. LA FUERZA DE CAMBIO El año 1986 (el que sería decisivo ) se instaló en la memoria como una promesa que no terminó de cumplirse. Así lo recuerda Germán Quintana, porque, tras el atentado a Pinochet, vino un bajón que golpeó a dirigentes estudiantiles, fuerzas políticas y actores sociales. 269 Todos, de algúnmodo, apos- taron por una misma idea: que la movilización social, por sí sola, no sería suficiente para empujar el derrumbe de la dictadura. Se creía que las protestas, los paros, las marchas, iban acumulando una fuerza imparable. Pero esa lectura omitía un elemento clave: el costo humano. La violencia, sobre todo la ejercida por el aparato represivo, no solo golpeaba a los cuer- pos, sino también al ánimo colectivo. Las muertes, el miedo instalado en las poblaciones y en las familias, comenzaron a producir el efecto contrario al esperado. “La gente no se volvió partidaria del régimen: simplemente dejó de salir. No quería morir. No quería que sus hijos murieran”. 270 Después del paro nacional del 2 y 3 de julio de 1986 (en el que fueron quemados Rodrigo Rojas de Negri y Carmen Gloria Quintana), los grandes llamados a movilización comen - zaron a fracasar. Ya no había el mismo impulso. Sacar gente a la calle se volvió cada vez más difícil. Esto golpeó directamen- te a las dirigencias estudiantiles. 268 Íb. 269 Entrevistas a Germán Quintana, op. cit. 270 Íb.
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