Beauchef 850. Movimiento estudiantil de los 80
Beauchef 850 124 pero en los pasillos se instaló otra versión: la decisión venía de una esfera influyente del gobierno. Se hablaba de cercanías con el mundo militar y, en particular, de la mano de un in- fluyente personero cercano a Pinochet: el economista Sergio Melnik, que después fue ministro de Odeplan. Poblete no solo sería un decano: era un emisario. —Poblete fue designado desde arriba, probablemente por presión del Ministerio (de Educación), lo que provocó una re - acción muy fuerte en la Facultad y obligó a académicos con autoridad, como Igor Saavedra, a intentar forzar su renuncia —señala el catedrático Jorge Amaya. 203 En efecto, la imposición de Poblete causó profundo re- chazo en el Consejo de Facultad. Tanto, que elaboraron una “Declaración de Principios”, enfatizando los fundamentos bá - sicos de la labor universitaria. En ella se señala que “tiene una misión de servicio a la comunidad ineludible”, estableciendo que ningún estudiante, funcionario o académico puede ser “eliminado en razón de sus opiniones”. Esta declaración sería presentada en todos los departamentos, para que la firmasen los académicos e investigadores. Se acordó también que si Po - blete la rechazaba los consejeros renunciarían y crearían un “Seminario Académico”, que analizaría los acontecimientos, emitiendo su opinión “sobre los problemas que se susciten”. Se encomendó al profesor Saavedra que le presentara la de- claración a Poblete. 204 Fue la manera que encontraron para no dejarse atropellar e intentar superar la situación, dándole la opción al decano designado de adherir. Cosa que no hizo. Como se ve, desde el primer día su estilo generó rechazo. Llegó con un discurso disciplinado con el neoliberalismo ofi - cial, pero tecnocrático y casi mesiánico: venía a “arreglar todo lo que estaba mal” en Beauchef. Lo dijo así a quien quisiera es- cuchar, lo que sonó arrogante, y desconectado con el lugar en donde se hallaba. La Facultad de Ingeniería era una marca de tradición y orgullo para todos quienes pasaban por allí: el sitio en donde Minerva, con su presencia, resguardaba el saber y la razón. Pronto quedó claro que no tenía la habilidad política ni la sensibilidad necesaria para conducir un universo aca- démico tan sólido y complejo. No generaba alianzas; por el contrario, sumaba detractores con rapidez. “Para los estudian - tes y académicos hacía ruido que el decano fuera externo: Po - 203 Entrevista a Jorge Amaya, op. cit. 204 Acta Nº 79 de la sesión extraordinaria del CF, del 11 de abril de 1985.
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