Beauchef 850. Movimiento estudiantil de los 80

Movimiento Estudiantil de los 80 121 La clandestinidad, por un instante, pierde sentido frente a lo inevitable. Pero incluso ahí, en ese quiebre, aparece una oca- sión valiosa. El terremoto del 3 de marzo de 1985 (de 7,8° de la Escala Richter) abrió un espacio inesperado. Permitió salir a la superficie con el aval legítimo de la acción solidaria. La FECH organizó una campaña para ayudar a los damnificados, enca - bezada por su propio secretario general. Se reunieron víveres, se arrendaron buses, se viajó a un devastado puerto de San Antonio en un nuevo intento por ocupar el espacio público sin confrontación directa, reconstruyendo vínculos en un país en emergencia. Los estudiantes de Ingeniería Maurice Saintard y Este- ban Fuentes fueron encomendados por el CEI para liderar una iniciativa solidaria: construir el mayor número de me- diaguas posible para ir en auxilio de los miles de compatrio- tas que perdieron sus casas. Fuentes administró los recursos y Saintard la cadena de producción. Se usaron los planos de mediaguas del Hogar de Cristo. Algunos futuros ingenieros civiles e industriales quisieron aportar al diseño… aunque finalmente tuvieron que aprender a martillar clavos de 4 pulgadas. Muchos otros estudiantes se involucraron, entre ellos Guillermo Díaz (en la entrega de las casas) y Carlos Encalada, que debió reemplazar a Oscar Peluchonneau, vir- tuoso operador de la sierra de banco, herramienta crítica en la cadena de producción ya que con ella se hacían todos los cortes de madera, y que, en un descuido, tuvo un accidente que le cortó parcialmente su dedo pulgar derecho. En las canchas de baby fútbol, se instaló una verdadera cadena de producción. Se preparaba primero la estructura, con palos de 2 x 2 pulgadas, se hacían los diferentes cortes de los ti- pos de paredes de la mediagua; una vez cortados, se api - laban ordenadamente para que el equipo de armado fuera tomando los que correspondían según el tipo de pared que se estuviera construyendo. El decanato autorizó el uso de las canchas durante el mes de marzo y también facilitó ve - hículos para el traslado de maderas y todos los insumos, así como para el despacho de las mediaguas. Muchos estudian- tes destinaron días calculando y martillando. Los funciona- rios también ayudaron, sobre todo en la fabricación de las ventanas, en su hora de colación: había varios carpinteros en esa época en los talleres de la Escuela. Saintard tiene cla - ras las cifras finales: “hicimos 104 mediaguas forradas, 100 era la meta inicial y se agregaron 4 más, financiadas por los

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