Beauchef 850. Movimiento estudiantil de los 80

Beauchef 850 112 vieron a clausurarse los medios opositores, desatándose una gran ola represiva. Esa misma noche, y en los días siguientes, la maquinaria del Estado se activó con lógica de venganza. Como se confesara después, había que eliminar a cinco oposi - tores, uno por cada escolta mártir caído. Al final fueron cuatro: los profesionales José Carrasco Tapia (editor de la revista Análi- sis ), Felipe Rivera, Gastón Vidaurrázaga yAbrahamMuskatblit. La señal fue clara: el camino insurreccional tenía un cos- to que el país ya no estaba dispuesto a seguir pagando. Ese fue el verdadero quiebre del 86. No el atentado en sí, sino su consecuencia política. La mayor parte de la oposición estimó que la salida no vendría por el enfrentamiento radical. Que el régimen, lejos de caer, se endurecía. Y que la sociedad —ago - tada, temerosa— empezaba a replegarse. Entonces ocurrió un desplazamiento estratégico. Si no era posible derrotar a Pino - chet fuera de sus reglas, habría que hacerlo dentro de ellas. La Constitución de 1980, diseñada para perpetuar el régimen, establecía un plebiscito en 1988. Hasta entonces, ese mecanis- mo era visto como una trampa. Después del 86, comenzó a asumirse como una oportunidad. 177 En 1987 ese giro tomó forma política. Se legalizaron los partidos, se reconstruyeron orgánicas y, sobre todo, se conso- lidó una alianza amplia: la futura Concertación. Ya no era solo oposición: era una alternativa de gobierno. Ese mismo año, la visita del Papa Juan Pablo II fue un mo- mento bisagra. No cambió el régimen, pero alteró el clima. Las imágenes de multitudes, de llamados a la reconciliación, de denuncias de la violencia, dieron al país una pausa. Algo se advertía. El latido del cambio se escuchaba bajo la superficie. Se organizaban comandos, se diseñaban estrategias para enfrentar el plebiscito, se llamaba a inscribirse en los registros electorales, se entrenaban apoderados de mesa. La política se volvía técnica. La épica se desplazaba hacia la logística. Para 1988 el país ya no era el mismo. No se dejó de sentir miedo, pero se había aprendido algo: que la fuerza no bastaba, que la unidad movía montañas y que el poder también podía disputarse en una papeleta. El 5 de octubre no fue un milagro. Fue el resultado de esos años: de los muertos, de las protestas, de los errores, de las rectificaciones. 177 Ver, Tomás Moulian, Chile actual, anatomía de un mito , 1997.

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