MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953

86 poco. Perteneciente a una modesta familia campesina del norte, Eulogia Román llegó a Santiago como una joven trabajadora del tabaco y luego se incorporó en 1926 a los «comités de propaganda femeninos» de la foch. En esa función participó en la organización de una «semana de la mujer» que tenía el propósito de «despertar» a las mujeres chilenas, a quienes ella consideraba «esclavizadas» 168 . Al igual que María Ramírez, Román se incorporó al Partido Comunista, pero sentía que su partido no prestaba la suficiente atención a los problemas que enfrentaban las mu- jeres, como los bajos salarios. Su «desviación feminista» no era bien re- cibida dentro del PC. A pesar del hecho de que Román tenía gran talento para hablar en público, el partido nunca le dio un cargo de importancia o espacio en la organización. Más aún, el partido, que obligaba a sus miem- bros (más aún a las mujeres) a seguir estrictas normas de moral sexual, la atacó por ser lesbiana. Las fricciones de Román con el PC fueron be- neficiosas para el memch, que pudo contar con sus inspiradas charlas y habilidad para movilizar a las mujeres de las provincias y a las obreras de los barrios marginales de Santiago 169 . No está totalmente claro qué ocupación tenía Eulogia Román en los años treinta o cuarenta. Durante unos pocos años trabajó como ayudante de laboratorista en el Instituto de Fisiología de la Universidad de Chile. Sin embargo, dejó este empleo para transformarse en vendedora, viajan- do a lo largo del país con una maleta llena de ropas, corbatas, manuales de costura y otras mercaderías 170 . Conoció en carne propia las penurias de los trabajadores chilenos en general y de aquellas «doblemente explo- tadas», las obreras 171 . Para dar el toque final al cuadro, estaba Angelina Matte Hurtado, una leal afiliada del memch durante toda su existencia. Matte hacía que se levantaran las cejas de muchos chilenos por ser divorciada y vuelta a 168 «La semana femenina», La Justicia , 28 de marzo 1926, citado por Hutchison en «Las Mujeres Trabajadoras de Santiago», 252-253. 169 Pedraza, militante del Partido Comunista en los años treinta, señaló que la vida para los jóvenes comunistas de la época era dura, ya que se les exigía vivir como «cuáqueros, casi como monjes». Denunció también un doble estándar en la aplicación de las sanciones del PC contra los transgresores de las normas sexuales comunistas. Algunos miembros del partido tenían amantes e hijos ilegítimos sin haber sido nunca sancionados. Ver Gendered Compromises de Rosemblatt para un estudio de la moralidad socialista. 170 Entrevista a Toya Miranda, realizada en junio de 1993. 171 «La mujer obrera es doblemente explotada» fue el título del primer artículo de Eulogia Román en La Mujer Nueva 1 (septiembre 1935), 1.

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