MEMCH una historia de organización feminista 1935-1953
12 principalmente a Europa y el hemisferio norte, pero repercutieron en todo el mundo. En Chile, el panorama no fue más calmo. Cuando cae la dictadura militar de Carlos Ibáñez del Campo en 1931, se sucedieron los breves gobiernos de Juan Esteban Montero, Marmaduque Grove, Carlos Dávila, Bartolomé Blanche y, finalmente, Abraham Oyanedel, quien llamó a las elecciones presidenciales y parlamentarias en las que resultó electo pre- sidente Arturo Alessandri Palma. Todo esto ocurre en un solo y mismo año: 1932. Tal crisis política tuvo como consecuencia una revalorización de la democracia, el arribo de la clase media a la política y el alza de las expectativas populares. Muchas de las mujeres que se desplazan por estas páginas ya habían creado o pertenecido a organizaciones de distinto tipo. Otras habían pro- tagonizado arrestos de desobediencia al orden estatuido, ya desde el siglo xix. Algunas de ellas, a instancias de Marta Vergara y Elena Caffarena, se reunieron para constituir un amplio movimiento social por el desarro- llo de las mujeres, que culminó en 1935 con la creación del Movimiento Pro-Emancipación de las Mujeres de Chile. Una tremenda osadía en tiempos en que la emancipación de las mu- jeres era no solo un concepto escandaloso, sino también una amenaza inaceptable. Todo un desafío para las mujeres que, ni más ni menos, concibieron un movimiento femenino de masas, interclasista, feminista y pluripartidista. Buscaban la máxima amplitud en torno a un objetivo común: su liberación social, económica y legal. Aunque algunas de sus fundadoras ya tenían experiencia en otras organizaciones, quizás no con- sideraron que ese magno movimiento también traería consigo todas las dificultades inherentes a tales propósitos, dificultades que siguen vigen- tes y que vamos conociendo por experiencia colectiva de generación en generación. El propósito de formar un movimiento exclusivamente femenino no tuvo mayor oposición. Las mujeres necesitaban un espacio propio que contuviera sus intereses y demandas, puesto que dentro de los partidos —era la convicción de Elena y Marta— no habían obtenido ningún logro para ellas mismas. Sin embargo, sus fundadoras no pretendían que las mujeres abandonaran los partidos. Su propuesta era la de un movimiento pluripartidista, y así fue: el memch se nutrió principalmente de la mili-
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