Agresiones sexuales. Reflexiones acerca de las intervenciones psicológicas y sociales

34 Agresiones Sexuales. Volumen VIII . Elías Escaff Silva, María Isabel Salinas Chaud, Paula Flores Zúñiga y Carolina de la Fons Díaz y a utilizar en menor medida la fuerza que el aprovechamiento de conciencia en un contexto de cuidado. En cuanto a factores de riesgo y predisponentes para la agresión sexual, Darling y Antonopoulos investigaron en 2013 las similitudes y diferencias entre aquellas mujeres que agredían en posiciones de poder y aquellas que agredían en contextos más amplios. Al respecto, se encontró como similitud un estilo de vida inestable, dificultades relaciones, baja autoestima, distor- siones cognitivas, y problemas para el automanejo emocional. Igualmente, en cuanto a las diferencias pudo identificar en agreso- ras en posiciones profesionales de poder y confianza la presencia de menores niveles de abuso de sustancias, mayor rango de edad y estatus socioeconómico, menor prevalencia de déficits severos de habilidades sociales y hasta cierto punto, menor prevalencia de entornos caóticos y abusivos. Así mismo, todas las mujeres de la muestra presentaron una aproximación maternal al comporta- miento abusivo (Darling y Antopoulos, 2013). Lamentablemente, no se encontraron datos a nivel nacional con los que comparar estos hallazgos. Finalmente, se observa que a nivel nacional el periodo de revictimización a dos años es del 12,2% y que el tiempo para una revictimización por el agresor original es aproximadamente la mitad del tiempo registrado para una revictimización por un nue- vo agresor (Contreras et al., 2020). En este sentido, en Chile los niños serían re victimizados con más rapidez que las niñas y con una prevalencia de 1,7 veces más. No se encuentran datos a nivel internacional para contrastar con esta información. 2. Identificación de tendencia a la agrupación A partir de los resultados encontrados, es posible observar que el 81% de las agresoras sexuales infantiles en Chile posee un patrón de agrupación individual (Onetto y Araya, 2007). Por el contrario, Witjam y da Silva (2020) encontraron que a nivel ge- neral casi un tercio de las mujeres agredía de forma individual o solitaria, mientras que casi el 70% tenía al menos un co−ofensor. De este porcentaje, el 57% de las mujeres cometió la agresión con una pareja y en general en forma de dúo; mientras que el

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