Agresiones sexuales. Reflexiones acerca de las intervenciones psicológicas y sociales

31 Agresión Sexual Infanto-Juvenil Cometida por Mujeres: Dinámicas Específicas en el Contexto Chileno Constanza Araneda Pizarro y Paula Mujica Bargsted de las víctimas reportado en este estudio fue de 5.1 años, con una moda de 3 años de edad, y un rango de 1 a 14 años. Por otra parte, los actos llevados a cabo por la agresora fueron las caricias y las tocaciones, no recibiendo las víctimas ningún tipo de heridas físicas en un 80% de los casos. Moulden et al. (2007), por otro lado, afirman que las agre- soras sexuales oscilarían entre una y cuatro víctimas, tendrían 32 años de promedio, serían solteras en un 58% de los casos, y esta- rían empleadas en servicios de cuidado de menores en un 45% de los casos. En relación con sus motivaciones, estos autores encon- traron que el 100% de su muestra tenía una motivación sexual, con una pequeña proporción del 15% estando además motivada por una búsqueda de emociones intensas y del 6% por enferme- dades mentales. Sin embargo, estos datos se contradicen con lo encontrado por otros autores; pues en su investigación compara- tiva entre agresoras en posiciones de poder y aquellas mujeres que agredían en contextos más amplios, Darling y Antopoulos (2013) encontraron que la muestra manifestó motivaciones principal- mente emocionales y de intimidad en primera instancia, y motiva- ciones sexuales en segunda instancia. En este sentido, el 40% de la muestra de esta autora presentó trabajo excesivo asociado a un deseo de escapar de una vida personal infeliz o de pasar más tiem- po con niños para satisfacer necesidades sociales y de intimidad; siendo este deseo de intimidad el objetivo más prevalente de la muestra con un 70% de prevalencia, y sin encontrarse evidencias de instrumentalización u otras motivaciones no sexuales. Sumado a lo anterior, Yüksel y Koçtürk (2020) determinaron que el 4,2% de las agresoras en su muestra de agresoras a preescolares fue femenina, de las cuales el 28.6% ayudaron a un agresor masculino mientras el otro 71,4% agredió sexualmente a sus propios hijos.

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