Manejo sostenible de plagas del cerezo en Chile
Manejo Sostenible de Plagas del Cerezo en Chile 5 Prólogo Considerando la relevancia económica y el papel protagónico que ha adquirido el cultivo de los cerezos en la fruticultura nacional, resulta fundamental analizar en detalle los desafíos fitosanitarios que enfrenta este sector en Chile. Actualmente, nuestro país es el mayor exportador de cerezas del mundo, con más de 70.000 hectáreas plantadas y una participación del 97% en las exportaciones del hemisferio sur. Las proyecciones son ambiciosas: alcanzar en los próximos años 200 millones de cajas exportadas. Este liderazgo es fruto de décadas de trabajo, innovación e inversión; sin embargo, su sostenibilidad depende de proteger la sanidad de los huertos y de optimizar, de manera integral, los manejos productivos. Este libro nos indica que las plagas clave en huertos de exportación — burrito de la vid, thrips de California, escama de San José, mosca de alas manchadas y arañita bimaculada—presentan en cerezo un período de riesgo más acotado que en otras especies frutales; este factor, bien gestionado, permite concentrar los esfuerzos de control en momentos específicos, reduciendo el uso de plaguicidas y minimizando el riesgo de generar resistencia. De hecho, tanto en thrips de California como en mosca de alas manchadas, el riesgo de resistencia se considera bajo, gracias a la corta exposición del fruto, la existencia de plaguicidas con diferentes modos de acción, la migración de las plagas a hospederos alternativos tras la cosecha y la escasa probabilidad de reinfestación por las mismas poblaciones en la temporada siguiente. Este escenario abre la oportunidad de realizar programas de manejo sostenibles, donde el uso de plaguicidas selectivos no solo asegure el control de las plagas en los momentos críticos —pinta a cosecha para thrips y mosca de alas manchadas, y poscosecha para arañita bimaculada—, sino además favorezcan el establecimiento de enemigos naturales, como Neoseiulus chilensis, pues mantener este depredador en equilibrio con sus presas puede reducir de manera importante los costos en acaricidas y reforzar el control biológico en el huerto. El libro también advierte sobre un riesgo menos visible, pero igualmente relevante: las plagas migratorias y cuarentenarias. Éstas muchas veces provienen de vegetación silvestre o asilvestrada, o de otros cultivos cercanos, y su detección en inspecciones fitosanitarias puede impedir la exportación de la fruta a mercados con regulaciones estrictas. La recomendación para ellas es la prevención: revisar y manejar el entorno del huerto, intervenir los focos con medidas culturales o químicas y, en nuevos
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