Para que nadie que atrás. A la memoria de nuestras(os) compañeras(os) y maestras(os)

216 Ese año, por primera vez, la Escuela dirigida por Ramón Cortez Ponce, recibió gente titulada de otras carreras de la U. Un agró- nomo, profesores de Estado, hasta un dentista, llegaron ese año a las aulas de Los Aromos con Máximo Jeria. Eran gente mayor, hombres en su mayoría, que vestían de terno porque trabajaban y entraban y salían de carrera. Para contextualizar mis recuerdos sobre Ximena Cannobbio, creo que es bueno asomarse a ese curso que ingresó a la Escuela de Pe- riodismo en 1959. Hace la módica suma de 60 años. Algunos, de a poco, engancharon y pasaron a ser de “los nuestros”. Luego, estaban los que ya laboraban en periodismo, iban a clase cuando podían, siempre corriendo, siempre pidiendo cuadernos prestados. Estaban también los bohemios, tenían que ver con tea- tro, con literatura, vestían de negro y siempre andaban juntos. Y luego, nosotros (en su mayoría, nosotras). Veníamos de la se- cundaria, medio perdidos pero rápidamente encontrados, sin en- tender mucho donde nos habíamos metido, tratando de succionar LA XIMENA DE LOS RECUERDOS Por María Elena Hermosilla de la Escuela y de la vida todo lo que podíamos, locos y locas con la libertad que nos daba la universidad. Esos éramos dos lotes, los que veníamos de un liceo y pronto armamos grupo, y los/las que llegaron de algún renombrado colegio privado. El curso fue una coctelera de experiencias, edades, vivencias e intereses. Sin duda, interesante y valioso para todas y todos. ¿Ami- gos?, tal vez. En muchos casos, los lazos perduraron. Hasta hoy. La Ximena Cannobbio era una mujer alta, imponente, con unos tremendos ojazos, y su Augusto Carmona, que era un poco más bajo, siempre del brazo. Su “lugar de pertenencia”, eran los bo- hemios, pero la Ximena se las arreglaba para hablar con todos y hacerse amiga del resto. La recuerdo cantando en el coro de la Escuela, que se armó entre nosotros con las puras ganas y la cola- boración de Sergio Prieto, cuya polola era de nuestro curso. Si alguien vivió la vida estudiantil a concho, fue la Ximena, en el Cineclub, las Juventudes Musicales Chilenas, el coro, los paseos... Siempre con Augusto a su lado, que Ximena Cannobbio junto al mar.

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