Para que nadie que atrás. A la memoria de nuestras(os) compañeras(os) y maestras(os)
162 de espaldas a lo que era el Ministerio del Trabajo (Huérfanos con Teatinos). Con- versamos largo de lo que vendría, de la conveniencia de encontrar refugio primero y luego de nuestro destino final si el derro- camiento de Allende se asentaba definiti- vamente. Pasaron varios años en que la comunica- ción con Guillermo se hizo complicada porque él estaba asilado en la República Democrática Alemana, sólo sabía que vi- vía en Dresden y perdí contacto con él. Mientras tanto yo pasé por Perú y Colom- bia para quedarme finalmente por varios años en Venezuela. Ya de vuelta a Chile en 1981, gracias al reencuentro con compa- ñeros de la Escuela pude saber más de Guillermo y tuve contacto epistolar con él. Hacia el año 1985 Guillermo había abandonado la Alemania Oriental y se había instalado en Alemania Occiden- tal. Me contó que su madre había jubilado en los Estados Unidos y había viajado para reunirse con él en Alemania y vivir juntos. A raíz de un viaje de trabajo en que hice a Europa en 1986 convine con Guillermo que lo pasaría a ver a Berlín Occidental donde resi- día. Fue una gran alegría volvernos a encontrar después de tantos años. Me invitó a quedarme en su departamento donde vivía con su madre. En aquella oportunidad también estaba de visita su so- brino Felipe, hijo mayor de su hermana Marita (Bambi) que ya era un muchacho por sobre los 20 años. Conocí a su madre, María Eugenia Lafosse, muy gentil y de una cuidada educación. Guillermo se había visto obligado a consolidar otras actividades diferentes al periodismo, había incursionado con poca fortuna en los negocios a través de un restaurante. Su incansable interés por la política lo hacía mantener permanente contacto con los exiliados en Europa y siempre desplegando su in- faltable legado radical. Entiendo que tuvo muchos desencuentros con diferentes fracciones de los exiliados pero dentro de lo razonable. Discusiones, puntos de vista diferentes ante la dictadu- ra y por cierto las variadas estrategias para intentar derrocar el régimen de Pinochet. Guillermo me con- tó que luego de separarse de su compañera argentina había encontrado una segunda pareja, una chilena exiliada, quien lo había hecho papá por segunda vez, en esta opor- tunidad fue una niña. Lamentablemente esa relación duró poco y su segunda compañera partió para radicarse en Noruega. Obvia- mente eso lo tenía muy afectado porque las posibilidades de ver a su hija se hacían cada vez más lejana. Con su otro hijo, que vivía en Berlín Oriental, tam- bién imposibilitado de verlo, Guillermo llevaba su procesión por dentro. En medio de mi visita ocurrió un hecho en Chile que dio la vuel- ta al mundo. Justo cuando estábamos conversando con Guillermo cuáles eran las alternativas que se jugaba la resistencia chilena para intentar la caída del dictador, fuimos sorprendidos el 7 de septiem- bre 1986 por el atentado a Pinochet en la cuesta Las Achupallas en el Cajón de Maipo. Obviamente durante varios días estuvimos pegados a la radio y la televisión intentando saber más del fallido intento organizado por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Mis días programados para estar en Berlín ya habían sobrepasado lo planeado, así es que seguí rumbo a otro país dejando a mi amigo sumido en la incertidumbre de los acontecimientos que vendrían posterior al atentado. Todos sabemos cómo terminó con una in- justa vendetta donde fue asesinado nuestro querido amigo y colega Pepone, José Carrasco. Durante mucho tiempo nuestro contacto se hizo más lejano y sólo cuando Guillermo decidió comenzar la tarea de retornar a Chile volvimos a tener contacto. En el país ya habían ocurrido el ple- biscito del NO de 1988 y las elecciones de 1989 que permitieron Cuando se transformó en compadre de Carlos Contreras.
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