Escuelas que cuidan: el liderazgo escolar como generador de comunidades de cuidado
Escuelas que cuidan: El liderazgo escolar como generador de comunidades de cuidado 68 Deciden trabajar desde tres criterios que orientan su acción: 1. Presencia visible y cotidiana: distribuir tiempos para visitar salas, talleres y patios, no solo en instancias formales. 2. Escucha activa: abrir espacios breves de conversación individual o por ciclo, en los cuales las y los docentes puedan plantear inquietudes sin agenda previa. 3. Coherencia entre discurso y acción: que las decisiones de gestión reflejen los mismos valores de respeto y cuidado que se promueven en los discursos institucionales. Durante una reunión, la coordinadora académica propone algo simple: “Si decimos que estamos para acompañar, tenemos que aparecer. Aunque sea diez minutos en el taller o en el recreo”. El director asume ese compromiso. Reorganiza su agenda, reduce horas de escritorio y comienza a recorrer la escuela cada mañana. No se trata de supervisar, sino de estar y escuchar. Además, instala un buzón digital, donde cualquier funcionario puede escribir comentarios o sugerencias, que él mismo revisa cada viernes. resolución Después de dos meses, los cambios comienzan a sentirse. Las y los docentes comentan que el director pasa por las salas, pregunta por los proyectos y conversa con las y los estudiantes. Una profesora comenta: “No siempre tiene respuestas, pero se da el tiempo de escuchar. Y eso cambia el ánimo, uno siente que lo que pasa en la sala también importa”. Las relaciones entre los distintos estamentos se vuelven más fluidas. La comunicación mejora y la percepción de “dirección ausente” disminuye. Sin embargo, surgen nuevos desafíos: la presencia constante requiere tiempo y, a veces, el director siente que el exceso de tareas administrativas vuelve a alejarlo del terreno. “A veces me gana la oficina —reconoce—. El desafío es no volver a esconderse detrás del computador”.
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