Escuelas que cuidan: el liderazgo escolar como generador de comunidades de cuidado

Escuelas que cuidan: El liderazgo escolar como generador de comunidades de cuidado 40 El liderazgo y la gestión para el cuidado se expresan a través de diversas prácticas y enfoques que contribuyen al bienestar de la comunidad educativa. Crear ambientes propicios, asignar recursos adecuados y fomentar el desarrollo profesional docente son acciones que permiten establecer condiciones para construir comunidades fortalecidas, con una mayor sensación de seguridad y con prácticas que integren el cuidado como parte de su funcionamiento cotidiano (Barcelona et al., 2022; Ryu, Walls & Louis, 2020). En este contexto, la creación de un entorno laboral seguro, equitativo y bien mantenido, que facilite condiciones óptimas para el desarrollo profesional de las y los docentes, resulta fundamental para una cultura de cuidado. Promover estas condiciones es una responsabilidad central del liderazgo escolar, pues permite que el bienestar y el aprendizaje se sostengan de manera coherente en la vida institucional. Es así como reconocer la importancia de la satisfacción salarial, la seguridad laboral y la gestión de la carga de trabajo es fundamental para mejorar el bienestar del personal docente (Taylor, et al., 2024), del mismo modo que lo son la disponibilidad de recursos adecuados, la participación activa del personal y un apoyo firme del equipo directivo. Para mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje, las y los docentes deben estar preparados para abordar las necesidades de sus estudiantes en el aula y enfrentar las dificultades de aprendizaje, de modo de brindar un cuidado efectivo a cada cual (Largo Arenas et al., 2018). Por ello, resulta fundamental contar con recursos suficientes y con estructuras de apoyo externo que eviten que se vea afectada su capacidad de ofrecer dicho cuidado (Häggströmet al., 2020). Asimismo, es necesario garantizar que las y los docentes puedan opinar y participar activamente en los procesos de toma de decisiones, lo que refuerza su sentido de agencia profesional y fortalece la cultura de cuidado en la institución (Taylor et al., 2024). El liderazgo para el cuidado debe focalizar su gestión en el bienestar docente, pues esto tiene un efecto directo en el bienestar de todos los integrantes de las comunidades educativas. En este sentido, la noción de “modelar” planteada por Noddings (2009) adquiere especial relevancia: las prácticas de directores y directoras funcionan como referentes para el profesorado, por lo que un liderazgo orientado al cuidado debe reconocer que sus acciones se transforman en ejemplos concretos para docentes y para toda la comunidad escolar. Un liderazgo que se orienta al cuidado genera condiciones de confianza entre docentes, favorece entornos seguros e inclusivos, y contribuye al desarrollo socioemocional de las y los estudiantes (Carrasco et al., 2025). En este marco, un director o directora que fomenta una cultura institucional basada en el cuidado “intenta hacer cumplir

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