Escuelas que cuidan: el liderazgo escolar como generador de comunidades de cuidado

Escuelas que cuidan: El liderazgo escolar como generador de comunidades de cuidado 21 marco de cuidados, permite la construcción de una convivencia escolar basada en relaciones positivas y pedagógicas que promueven el bienestar, tanto individual como colectivo. De ese modo, se hace posible que emerja una cultura escolar de cuidados con significados, valores, creencias y prácticas compartidas que dan forma a la vida cotidiana en una institución escolar, esos significados profundos, estables y compartidos que orientan las prácticas institucionales y que actúan como un marco que posibilita o limita los procesos de innovación pedagógica y el desarrollo de comunidades educativas más colaborativas e inclusivas (Basogain-Urrutia, 2021; Cleovoulou et al., 2022; Shein, 2010; Winkler et al., 2020). En síntesis, se concibe como una combinación de elementos socioeconómicos y organizacionales que interactúan para generar un entorno de aprendizaje específico en la institución escolar (Glover & Coleman, 2005). Enestemarco, laculturaescolardecuidadodebeconsiderar lacoexistenciadeestos niveles en el sistema escolar (organización, interpersonal y personal), así como la coexistencia de diferentes subculturas internas vinculadas a los estamentos que conforman el sistema escolar (Dufour et al., 2021). Dicha diversidad, sin duda, complejiza la gestión del cuidado y plantea la necesidad de reconocer y valorar la pluralidad de niveles y de visiones que habitan la institución escolar. Nocabedudadequeel conceptodeculturaescolar es complejo, puesenél interactúan dos términos claves al momento de hablar o de desarrollar cuidado: clima y ethos. Si bien hay autores que consideran que ambos conceptos refieren a lo mismo, para efectos de este libro, comprenderemos el ethos como el conjunto de creencias, valores fundamentales, entornos, actitudes implícitas y ambiente moral general, es decir, el “espíritu” de la escuela, cómo se vive y se sienten las relaciones sociales entre estudiantes, docentes, directivos, etc. (Glover y Coleman, 2005; Ramberg et al., 2018). Por otra parte, el “clima escolar”, se entenderá como las percepciones más inmediatas, superficiales y situacionales de los miembros de la comunidad respecto de su experiencia en la escuela, es decir, es la “atmósfera” de la escuela (Glover y Coleman, 2005;Winkler et al., 2020). El clima escolar está vinculado con la experiencia cotidiana de estudiantes y docentes, e incluye las interacciones pedagógicas, las expectativas académicas y las condiciones de confianza y seguridad (Jennings et al., 2019; Granziera et al., 2021; Hascher & Waber, 2021; Carrasco et al., 2025). En este escenario, una cultura escolar que promueve el cuidado desde el ethos y el clima genera una convivencia escolar que promueve el bienestar de la comunidad. Es así como un clima de aprendizaje positivo se caracteriza por relaciones de respeto mutuo, altas expectativas académicas y un clima de confianza. Por ello, es tan relevante que se promueva una cultura escolar de cuidados capaz de generar un ethos y climas escolares positivos, de cuidados entre las personas que conforman la comunidad escolar.

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