Escuelas que cuidan: el liderazgo escolar como generador de comunidades de cuidado

Escuelas que cuidan: El liderazgo escolar como generador de comunidades de cuidado 14 A esta definición, podemos sumar, además, que el cuidado es un complejo conjunto de prácticas que se comprende, según Molinier y Lagarreta (2016), desde dos dimensiones esenciales: » La subjetiva ( care about ): entendida como preocupación, responsabilidad y disposición. » La material ( care for ): referida a la acción, la ocupación y las acciones concretas de cuidado. El acto de cuidar considera estas dos dimensiones permanentemente, por tanto, requiere de disposición de las personas, pero también de condiciones materiales para su realización. Por lo tanto, para generar culturas de cuidado e implementar prácticas de cuidado, se requiere preocuparse tanto de lo relacional (interacción) como de lo material (condiciones). Sin ello, no hay posibilidades de fortalecer una sociedad de cuidado. Por lo tanto, se afirma que el cuidado es una categoría empírica, práctica y concreta, no solo una categoría teórica (Thomas, 1993). Además, el cuidado debe tener como base el diálogo; el cuidado es dialógico y, en esa condición, requiere de un diálogo genuino, no una simple conversación. El diálogo requiere prestar atención al participante con quien se está dialogando, “el cuidador debe prestar atención y dedicarse por completo al otro (aunque sea momentáneamente), y el otro debe recibir su esfuerzo. Esta recepción también es una forma de atención” (Noddings, 2009, p.45). En tal sentido, el diálogo, como base del cuidado, permite obtener información de las personas que están siendo cuidadas. De ese modo, se establece una relación, se aprende a escuchar, se aprende a conocer y comprender lo que le sucede al otro/a y, sin duda, se genera empatía y confianza. Promover el diálogo permite mejorar las capacidades de comunicación entre todas las personas, lo que sin duda es necesario si pensamos en el cuidado como un valor social. Por otra parte, el ejercicio de dialogar ayuda a fortalecer o desarrollar el diálogo interno, toda vez que permite profundizar cada vez más la comprensión de uno/a mismo, entender qué sentimos o por qué actuamos de una manera determinada; aprendemos a hablar con nosotros/as mismos: “Cuando los modos de diálogo se internalizan, las gentes morales aprenden a hablar consigo mismas tal como hablan con los demás” (Noddings, 2009, p. 46). Entender nuestras fortalezas y debilidades son aspectos centrales para poder estar bien y sentirnos preparados y óptimos para cuidar a otros/as.

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