La casa. Proyecto de creación e investigación sensible II

27 La segunda escena propone La Casa como el hogar, el fuego, a veces lo doméstico, pero también ese lugar que al no ser visto puede esconder secretos, ya no es solamente el refugio, también es lo que no queremos que se vea o simplemente no queremos nombrar: “Allí en la esfera privada, al abrigo de las miradas, en la proximidad de los deseos, de las debilidades, de las relaciones de fuerza íntimas o sociales, los ideales tienden a vacilar” (Chollet, 2017, p. 156). El movimiento inicia desde la estabilidad, al servicio de que cada espacio, cada rincón, cada sujeto que la habita esté proporcionando eficiencia, como un engranaje que aunque no se despliega para ser mirado, trata a toda costa de “funcionar” adecuadamente. No se plantea el error como una posibilidad, pero mientras más avanza el movimiento más se desarma este espejismo de perfección. Ya no hay estabilidad, se cae, se muestra, sirve, titubea, pero insiste en pararse, erguirse y seguir cumpliendo su rol, hay un estereotipo que debe permanecer, sino todo puede derrumbarse. Toma, baja, deja arriba, para girar y perderse, repite para asegurarse que todo está en orden. Pero nuevamente cae, pierde el control, la eficiencia y se desmorona. La última escena, se podría ver como un juego entre el adentro y el afuera; lo público y lo privado. La estructura de fierro que contiene, las lámparas que le dan calidez al espacio no te empujan a salir. Se contradice el deseo de mostrarse, ser visto, ser ante un otro, con el deseo de la invisibilidad, la desaparición, el refugio del espacio propio, nuestro nido. Salir para volver a entrar y entrar para volver a salir. El juego con el espacio, los entre lugares, lo que se puede entre las lámparas, correr para llegar, salir por la puerta abriendo las manos, cerrando la chaqueta que guarda toda la historia contenida en el cuerpo, lo viste para que pueda saludar, se apresura para volver, pero hay mucho que espera “afuera”, la rapidez es agobiante. La danza sacude el espacio, el cuerpo se contradice, quiere ir hacia un lado , pero mira hacia el otro, no entiende qué hace ahí. Entonces recuerda, la memoria habita cada espacio de la inmensidad de la ensoñación. Correr, parar, girar, se sienta, mira desde lejos su hogar y vuelve a entrar.

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=