La casa. Proyecto de creación e investigación sensible II
19 1. LA CASA AJENA María de los Ángeles Cornejos Cavas Louise Bourgeois (Frémon, 2010) decía que el primer recuerdo que tenemos, generalmente, está asociado a una casa. Quizás por eso si pienso en mi vida puedo inscribir cada etapa a un lugar donde viví. Cuando nació mi hijo lo único que echaba de menos de mi vida anterior, era estar en la calle mientras oscurecía. Por años lo atribuí al desagrado de apurarme para llegar a una hora que comienza una rutina importante para terminar el día, sin embargo, desde hace un tiempo, reconozco la fascinación que siempre he tenido por mirar cómo se iluminan lentamente las ventanas. Casas, departamentos, piezas, livings, cocinas, lugares grandes o chicos: siempre miro hacia adentro. Cortinas de tela o persianas, abiertas o cerradas, plantas o cuadros, los colores de las murallas o si hay un balcón, pero sobre todo miro la luz. Si hay una lámpara pequeña o una luz que sale del techo e ilumina todo, si hay guirnaldas con pequeñas luces o sólo un televisor encendido. Si la luz es blanca, cálida o amarilla, si la pantalla es de papel o tiene un diseño de moda, si es un foco o una lámpara apoyada en el rincón de una mesa. Todo eso me hace pensar en quién o quiénes viven ahí, en cómo serán sus vidas, si comen solos sobre la cama o ponen la mesa, si se acompañan con una radio o tienen una mascota que los obliga a volver a salir, si están cansados de un largo trabajo o están celebrando, o simplemente qué sueñan que los hace volver a levantarse al otro día. Lo pienso con una especie de melancolía por algo que no he vivido y que ni siquiera conozco; como si por el sólo hecho de mirar pudiera entender la complejidad de cada vida y de cómo se urden las relaciones humanas. O quizás sólo una manera de comprender cómo alguien comparte una vida a través de la luz.
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