La casa. Proyecto de creación e investigación sensible II
12 creadoras expresan como sensaciones significativas en sus vidas desde la infancia hasta la actualidad. Al igual que en el proceso de creación/investigación La Obsolescencia del Cuerpo , desde un diálogo íntimo sobre instancias de la propia biografía respecto de los hitos conceptuales que convoca el proyecto, surgen las intenciones creativas que luego se transforman en materialidades artísticas. En ese sentido, La Casa se propone como un espacio, que pondrá en escena la relación con la cotidianeidad de la vida y la propia existencia, pero, sobre todo, siguiendo a Bachelard (2000), como instrumento para afrontar el mundo, “la casa es el primer mundo del ser humano (p. 30) …la casa resguarda la ensoñación, la casa protege al soñador, la casa nos permite soñar en paz” (p. 13). Así, se levantan conceptos como el habitar humano, el refugio y su relación con el afuera, la fragilidad de lo íntimo, la experiencia simbólica, y la construcción de la subjetividad individual que piensa e imagina el mundo. Como plantea Levinas, si bien, “la casa corresponde al mundo de los objetos, la morada no se sitúa en el mundo objetivo sino al revés, el mundo objetivo se sitúa en relación a la morada: yo diría, su padecimiento.” (Levinas, E., 1997, p. 154). Es decir, la casa como refugio, pero también como cárcel. Como libertad y encierro respecto de la propia interioridad en relación al espacio que la alberga. En las Tres Estéticas de Lacan, Gérard Wajcman (2006) propone una fina lectura sobre el origen de la casa y el surgimiento de la arquitectura. Para Wajcman, la necesidad de levantar una casa no se ubica en la resignación del hombre ante el peligro y la inestabilidad provocada por la naturaleza. Porque para Wajcman, aunque el hombre hubiera nacido con las condiciones físicas necesarias para vivir en la intemperie, protegido de pelo para el frío o viviendo en un planeta con un clima de ensueño y exento de todo tipo de riesgo, el hombre igualmente habría construido una casa, porque de lo único que no estaría a salvo es de la mirada de otros, sintiendo expuesta y amenazada su intimidad. Y es que la casa, la gruta, la cueva o cualquier espacio posible de ser habitado, es tanto el refugio capaz de proteger la vida y socializar un espacio, como el único capaz de otorgarle al hombre la posibilidad de la sombra, y con ésta la del secreto, lo oculto y lo íntimo. Patrick Avrane (2022) profundiza esta mirada señalando que “nosotros habitamos una casa como habitamos nuestro cuerpo y vivimos en el mundo, con nuestras creencias, nuestros temores, nuestras alegrías y también toda nuestra historia pasada y nuestras esperanzas venideras” (p. 10). Esta visión de la casa como cuerpo simbólico considera el habitar como matriz de subjetividad. “La casa es el contenedor, la cáscara, de un hogar. Es el usuario quien alberga la sustancia del hogar”
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