Liderazgo educativo y género. Miradas y realidades latinoamericanas
• 377 Carrasco Sáez, Olmo-Extremera, coords. clima educativo y las relaciones interpersonales dentro del aula. De esta forma el tipo de liderazgo ideal se refleja en atender el desarrollo cognitivo, emocional y social de cada alumno en las primeras etapas de su educación. DuFour (2021) explica que el liderazgo docente eficaz tie - ne implicaciones tales como la creación de un entorno en el que los maestros y las maestras colaboren y compartan res- ponsabilidades para lograr un aprendizaje continuo. Por su parte, Fullan (2020) sostiene que un verdadero líder educativo enfoca sus esfuerzos en fomentar el trabajo entre los docen- tes para transformar sus prácticas en aras de una mejora sus- tancial en el aprendizaje de sus alumnos. El liderazgo en el aula preescolar también involucra un componente emocional que ha sido subrayado por autores como Goleman (2006), quien resalta la importancia de la inte- ligencia emocional en los docentes. Para Goleman, los educa- dores deben ser capaces de identificar y gestionar sus propias emociones, así como comprender las emociones de los niños. En un contexto como el mexicano, donde las emociones y los vínculos afectivos son fundamentales para el aprendizaje, los docentes deben utilizar esta capacidad para generar un ambiente de confianza y seguridad que permita a los niños desarrollar sus habilidades cognitivas y sociales. Robinson (2015) plantea que, para que el liderazgo edu- cativo sea efectivo, es imprescindible crear condiciones que beneficien la mejora continua de los docentes, lo que tiene in - cidencia directa en los estudiantes. En el caso del nivel prees- colar, este enfoque se traduce en la capacidad del docente de actuar como un modelo de comportamientos éticos y demo- cráticos, transmitiendo valores como el respeto, la igualdad y la solidaridad. La influencia moral del educador es esencial en la construcción de una cultura escolar que promueva la in- clusión y la equidad, elementos fundamentales en el sistema educativo mexicano, que aún enfrenta desafíos en términos de cobertura y calidad en zonas rurales y marginadas. Para Hargreaves y Fink (2006), el liderazgo docente debe ser sostenible, es decir, debe ser capaz de generar cambios
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=