Liderazgo educativo y género. Miradas y realidades latinoamericanas

• 349 Carrasco Sáez, Olmo-Extremera, coords. internacional, con la calidez, compasión, resiliencia, toleran- cia y paciencia, todas propias de la inteligencia emocional (Thornton et al., 2009). Con estos factores, se profesionaliza el trabajo de los equipos pedagógicos llevándolo desde una mirada del cuidado a un enfoque principalmente educativo. Pese a estos avances, el liderazgo femenino en educación parvularia sigue estando poco visibilizado. A menudo, su rol se asocia más con el cuidado y la gestión operativa que con la toma de decisiones estratégicas. En los jardines infantiles, las directoras deben cumplir con exigencias administrativas que limitan su capacidad de ejercer un liderazgo pedagógico transformador. En este sentido, es necesario profesionalizar y fortalecer su rol, promoviendo una visión de liderazgo que no solo asegure la gestión institucional, sino que también fo- mente el bienestar, la inclusión y el desarrollo de una cultura basada en la confianza y el respeto a la diversidad. El liderazgo en educación parvularia El liderazgo en educación parvularia ha sido reconocido como un factor clave en la calidad educativa (Beattie, 2021; Douglass, 2019). Se ha enfatizado en la importancia de un liderazgo centrado en el bienestar de las educadoras y en la construcción de comunidades educativas colaborativas y sos- tenibles (Vargas y Sepúlveda, 2023). Este nivel educativo se distingue por su fuerte vínculo con la defensa de los derechos de los párvulos (Sisson et al., 2021), la colaboración cercana entre sus trabajadoras y la estrecha relación con las familias (Nicholson et al., 2018). Desde una perspectiva de género, se ha evidenciado que el liderazgo en educación parvularia está altamente feminizado, en este contexto, las prácticas de liderazgo femenino, como la escucha activa, la empatía y el trabajo en equipo, emergen como herramientas cruciales para lograr un liderazgo efecti- vo. Estas prácticas, orientadas a la construcción de vínculos socioafectivos dentro de la comunidad educativa, fortalecen la confianza y potencian el trabajo colaborativo (Cabrera et al., 2019; Heikka et al., 2013; Siraj-Blatchford y Hallet, 2014).

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