Liderazgo educativo y género. Miradas y realidades latinoamericanas

• 335 Carrasco Sáez, Olmo-Extremera, coords. las necesidades cotidianas. Desde la adquisición de materia- les didácticos hasta la gestión del personal o la resolución de contingencias (como la pandemia por covid-19), las líderes educativas enfrentan trabas administrativas y tiempos de es- pera que dificultan su desempeño. Aquí se hace evidente la se - paración simbólica entre un “ellos” (líderes institucionales con poder decisorio, manejo de recursos y capacidad de veto) y un “nosotras” (líderes educativas y equipos pedagógicos depen- dientes de autorizaciones, trámites y validaciones externas). Esta dinámica produce una fragilidad en el liderazgo educativo que va más allá de la falta de recursos: se plasma en la tensión entre el deseo de actuar, resolver, innovar o acompañar, y las limitaciones que la estructura impone. La normalización de la sobrecarga de tareas —como la entrega de canastas de alimentación, la actualización constante de documentos o la gestión de emergencias fuera del horario laboral— contribuye a la fragilidad al difuminar las fronte- ras entre rol profesional, rol de cuidado, rol administrativo y tiempo personal. Así, las líderes educativas asumen funciones multifacéticas que se entienden como “naturales” o espera- bles, en parte debido a la influencia de estereotipos de género que asocian el trabajo femenino con la paciencia, la adapta- ción, la entrega incondicional y la multifuncionalidad. Esta fragilidad, sin embargo, no debe entenderse única- mente desde un prisma negativo. Al igual que en la Difumina- ción 1, la fragilidad indica la posibilidad de transformación: es el síntoma de un orden en revisión, de estructuras que ya no se perciben como inamovibles y de la emergencia de prácticas horizontales que, aunque incipientes, tensionan la lógica vertical. Al reconocer esta condición, se abre la oportu- nidad de repensar las jerarquías, los estilos de liderazgo y la distribución del poder en la educación inicial. La fragilidad se convierte así en un espacio que invita a cuestionar lo dado, a vislumbrar nuevas formas de liderar y a construir entornos educativos más justos, solidarios y sensibles a las necesida- des reales de las líderes educativas y de las comunidades que acompañan.

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=