Liderazgo educativo y género. Miradas y realidades latinoamericanas

332 • Liderazgo educativo y género aportes pedagógicos hacia la toma de decisiones generales del establecimiento, ni una implicación plena en la definición de políticas institucionales más amplias. La consecuencia de esta jerarquía de saberes se entrelaza con la variable de género. La educación inicial, un nivel don- de predominan mujeres líderes, tiende a ser percibida social- mente como menos estratégica para el logro de metas escola- res tradicionales (resultados académicos medibles en niveles superiores, por ejemplo). Este sesgo de género actúa como te- lón de fondo: a pesar de la alta calificación, la experiencia y la capacidad de las líderes educativas para generar propuestas pedagógicas innovadoras y adaptadas, su influencia permane - ce relegada a un espacio considerado “más blando” o “menos central” en la cadena de valor educativa. Así, la feminización de este nivel no solo afecta las expectativas sociales y cultura- les, sino que refuerza un orden jerárquico donde los saberes de la educación inicial aparecen como complementarios, no integrales ni determinantes para la orientación del proyecto educativo global. La difuminación, entonces, radica en el contraste entre la elevada autonomía y agencia interna que las líderes pueden exhibir en relación con su equipo y la relativa marginalidad con la que sus saberes y aportes son incorporados en la ma- croestructura escolar. Por un lado, la validación interna y el dominio de una especialización forjada en la práctica cotidia- na les otorga un poder que no se reduce al acatamiento, sino que cuestiona y reelabora las propuestas externas. Por otro lado, la persistencia de jerarquías epistemológicas y la divi- sión por niveles y ciclos educativos limita el potencial trans- formador de su liderazgo. Esto crea una situación ambigua: las líderes se reconocen como expertas en su ámbito, pero a la vez perciben que su contribución en los espacios formales de toma de decisiones tiene un alcance restringido. Esta tensión no es meramente instrumental o técnica, sino profundamente política y simbólica. Implica preguntarse por el valor que otorgamos a la primera infancia, al cuidado y la formación inicial de las niñas y los niños; por las narra-

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