Liderazgo educativo y género. Miradas y realidades latinoamericanas
• 299 Carrasco Sáez, Olmo-Extremera, coords. como la limitada posibilidad de ser directoras por ser docen- tes mujeres se consideran como subcategorías en este capítu- lo para centrar la discusión sobre estas y exponer, a través de sus narrativas, las desigualdades que enfrentan las docentes por medio de las mencionadas violencias simbólicas. Se ha mencionado que un aspecto recurrente de las na- rrativas es el limitado acceso de las mujeres a puestos directi- vos, lo que corresponde a las relaciones de poder que se dan en contextos de desigualdad y como violencia simbólica. Esto afecta, de alguna manera, su posibilidad de desarrollar habi- lidades de liderazgo. Un testimonio que da cuenta esto es el siguiente: “entonces llegó el último cambio, fue la primera vez que nos tocó trabajar con una directora mujer. En técnicas el machismo era muy predominante, sigue siendo predominante, así, mujeres directoras no hay muchas” (Docente 2-Escuela 2). El docente se refiere al cambio a una directora mujer, dado que siempre la dirección la había ejercido un hombre. En otra narrativa se afirma que “La cantidad de maestras di - rectoras en técnicas es muy reducida. Sin embargo, en secun- darias generales se ve más” (Docente 3-Escuela 2). Es decir, en las secundarias técnicas las direcciones son asumidas por hombres principalmente. Estos testimonios abren la discusión sobre la presencia de mujeres en carreras que socialmente están reservadas para los hombres, lo que guarda relación con la línea de investiga- ción en los estudios de género acerca de la división sexual del trabajo. Esta división es concebida como la distribución de las responsabilidades laborales en función de las competencias y habilidades que culturalmente se les han atribuido a los hom- bres y a las mujeres según los estereotipos impuestos. A las mujeres se les asignan la carga del cuidado y la reproducción, y al hombre lo relacionado con la fuerza física, entre otras asig - naciones (Benería, 2005; Etcheberry, 2015; Mora y Pujal, 2018). Lo anterior permite comprender la presencia de las mu- jeres en la carrera docente. Pero también lleva a cuestionar lo que refiere el testimonio del Docente 3-Escuela 2 acerca de las pocas mujeres en puestos directivos. Esto refleja una des -
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