Liderazgo educativo y género. Miradas y realidades latinoamericanas

28 • Liderazgo educativo y género lidad, etnia, cultura y religión, temas y rasgos que se descui- dan e ignoran en la investigación sobre liderazgo convencio- nal, ya que desafían el poder blanco masculino imperante en las escuelas (Blackmore, 2020). En otras palabras, el liderazgo educativo todavía está vinculado con valores asociados con el hombre, blanco, capaz, heterosexual, y a rasgos como compe- titividad, asertividad e individualidad; el comportamiento del héroe masculino, en términos de Wilkinson et al. (2021). Con este sentido, emerge con fuerza, en Latinoamérica en particular, la noción de interseccionalidad y sus relaciones con género, identidad y liderazgo escolar. Desde este prisma, se ha de comprender la interseccionalidad como la interco- nexión de las categorías, etnia, raza, género, sexualidad y cla- se (Troncoso et al., 2019). Estos aspectos se han identificado en la cultura laboral como una barrera importante para el progreso de las mujeres y como parte de las dificultades que ellas enfrentan para conseguir un puesto directivo (Coleman, 2020). A esto se suman las limitaciones que se le imponen a las mujeres por su rol en el cuidado del hogar y la forma en que se las percibe cultural e históricamente mediante símbo- los o estereotipos que homologan ser mujer a madre cuidado- ra (Fuller, 2010; Moorosi, 2007). Además, existe la suposición cultural de que la principal responsabilidad de la familia está en las mujeres y esto es uno de los mayores obstáculos para que las mujeres se conviertan en líderes (Coleman, 2020). Di- cha situación demanda un continuo acto de equilibrio y con- ciliación, al que deben enfrentarse las mujeres en puesto de liderazgo, entre el hogar y el trabajo (Blackmore y Sachs, 2017; Carrasco y Montoya, 2024). En este panorama, brota el concepto de glass cliff (Chase y Martin, 2019), como metáfora de problemáticas de las muje- res que ejercen cargos de liderazgo, ya que a pesar de que son mujeres que superaron el suelo pegajoso o el techo de cristal aún enfrentan barreras invisibles para el ejercicio del cargo. Según Coleman (2020), es la cultura laboral masculina la que alimenta la discriminación y el techo de cristal que enfrentan las mujeres.

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