Liderazgo educativo y género. Miradas y realidades latinoamericanas

276 • Liderazgo educativo y género En este sentido, estudios destacan los impactos positivos de la gestión democrática en el clima escolar. Según Gandin (2006), la implementación del presupuesto participativo en las escuelas resulta en una mayor participación de la comuni- dad y un mejor rendimiento académico. Además, la construc- ción colectiva del Proyecto Político Pedagógico (PPP) favore- ce el fortalecimiento de los vínculos entre los miembros de la comunidad y el compromiso con las propuestas enumeradas en el documento. El sentimiento de pertenencia y responsa- bilidad por la ejecución del proyecto es mayor. Las mujeres líderes tienen un impacto directo en la per- cepción del clima escolar, ya que son responsables de mode- lar comportamientos y establecer normas y valores dentro de la escuela. Las mujeres líderes han demostrado una capacidad particular para crear un entorno que fomenta la colaboración y el compromiso entre profesores, estudiantes y padres. Esto es especialmente importante en contextos escolares donde el clima es desafiante, como en las escuelas ubicadas en zonas de alta vulnerabilidad social. En un estudio realizado por Lei- thwood y Jantzi (2005), se observó que la presencia de líderes femeninas en las escuelas contribuye a un ambiente más aco- gedor e inclusivo. Las mujeres líderes tienden a centrarse en acciones que promuevan el desarrollo socioemocional de los estudiantes, como programas de apoyo psicológico, fomento de la participación y actividades extracurriculares. Además, estos líderes también priorizan la capacitación continua de los docentes y la mejora de las condiciones de enseñanza, ga- rantizando que todo el personal escolar esté preparado para satisfacer eficazmente las necesidades de los estudiantes. Sigue siendo un desafío lidiar con una “concepción sexista del género que asocia el dominio público, el control y el li- derazgo de estos espacios como eminentemente masculinos y como tal, quienes los ocupan, para legitimarse, deben imbuirse de estas representaciones”. Es evidente que, a pesar del aumento de la escolarización y de la inserción en el mercado de trabajo, todavía existe un “modelo sexista que establece actividades pú- blicas para los hombres y actividades privadas del hogar para las mujeres” (Da Silva y Guimarães, 2019, pp. 13 y 14).

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