Liderazgo educativo y género. Miradas y realidades latinoamericanas
272 • Liderazgo educativo y género Históricamente, las mujeres han estado confinadas al ám - bito privado, desempeñando roles relacionados con el cui- dado del hogar y la familia. Este patrón social perpetuó la idea de que el entorno público es una prerrogativa masculina. Incluso cuando las mujeres ingresaron al mercado laboral, siguieron asumiendo la mayor parte de las responsabilidades domésticas, lo que incide directamente en sus posibilidades de ascender a puestos directivos. Según Freitas (2017), la docencia fue una profesión predo- minantemente masculina hasta parte del siglo XIX en Brasil, que comenzó a feminizarse debido a la demanda de maestras para educar a las niñas. Con el advenimiento de los ideales republicanos, que enfatizaban el papel de la educación en la emancipación popular, el movimiento por la feminización de la enseñanza ganó fuerza en Brasil. Especialmente después de la creación de las “escuelas normales”: la antigua carrera de magisterio que equivalía al bachillerato. El crecimiento de las escuelas normales a finales del siglo XIX fue un hito en este proceso, proporcionando una formación específica a las muje - res que ingresaban a la profesión docente. Al mismo tiempo, se produjo una reducción en el número de hombres en este cam- po, debido a la mayor demanda de trabajadores en la industria emergente de la época. Esta dinámica consolidó el carácter femenino de la profesión, reflejando los cambios sociales y económicos de ese periodo (Freitas, 2017). En aquella época se atribuía a la enseñanza el carácter de cuidado. Y como las mujeres desempeñaban este papel en la esfera doméstica, no había mucha oposición a que las mujeres desempeñaran un papel similar fuera del hogar, en el mercado de trabajo. Según la autora, todavía existe una percepción estableci- da por las relaciones sociales que establece que gran parte de las clases de los niños más pequeños, donde se necesita más “cuidado” y “afecto”, son impartidas por maestras, mientras que, a partir de los últimos años de la Educación Primaria, en- contramos más maestros hombres, debido a la especificidad de los componentes curriculares. De esta manera, queda claro que todavía se atribuye a los hombres un carácter más racio-
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