Liderazgo educativo y género. Miradas y realidades latinoamericanas

• 259 Carrasco Sáez, Olmo-Extremera, coords. responsabilidad del cambio hacia las mujeres. Como señala Rottenberg (2020), el feminismo neoliberal ha despojado al fe- minismo de su potencial transformador al individualizar los problemas estructurales y posicionar a la supermujer como el ideal a alcanzar. Este modelo no solo perpetúa las lógicas patriarcales y de mercado, sino que también invisibiliza las desigualdades interseccionales, beneficiando principalmente a mujeres heteronormativas de clase alta y excluyendo a aquellas que enfrentan opresiones cruzadas por género, clase, raza o et- nia (Mandiola, 2024). En este contexto, el liderazgo femenino en el ámbito educativo opera bajo una lógica de autosupera- ción que exige a las mujeres adaptarse a un sistema que no fue diseñado para ellas, perpetuando así su exclusión estructural. Las directoras enfrentan barreras específicas que trascien - den las políticas públicas dirigidas a promover la igualdad de género. Aunque se han implementado medidas para aumen- tar la participación de mujeres en roles directivos, estas polí- ticas no han logrado transformar las lógicas organizacionales subyacentes que perpetúan la exclusión de las mujeres. Por ejemplo, la idealización de la figura de la directora como una superwoman o un pulpo —capaz de equilibrar impecablemente las demandas profesionales y familiares— refuerza una narra- tiva de autoexplotación que invisibiliza la necesidad de apoyo estructural y redistribución de responsabilidades (Falabella et al., 2022). Este enfoque no solo alimenta la fatiga de género —entendida como la exposición constante a desigualdades ampliamente reconocidas pero que permanecen sin transfor- marse (Kelan, 2009)—, sino que también consolida la aparente neutralidad de género en las organizaciones, obstaculizando la realización de cambios estructurales. Para abordar estas dinámicas, es imprescindible adoptar un enfoque interseccional que visibilice las múltiples opresio- nes que enfrentan las mujeres en el ámbito educativo. Como sostiene Lugones (2007), la interseccionalidad es esencial para comprender cómo las jerarquías de género, clase y raza inte- ractúan y configuran experiencias únicas de exclusión. En el contexto chileno y latinoamericano, esta perspectiva es parti-

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