Liderazgo educativo y género. Miradas y realidades latinoamericanas
256 • Liderazgo educativo y género mujeres en roles de jefatura provienen de familias con miem- bros que han ocupado cargos similares, lo que evidencia la importancia del capital social heredado en su trayectoria pro- fesional. En el caso de las directoras de escuelas, esta repro- ducción intergeneracional de la élite también opera como un mecanismo de cierre, ya que las oportunidades para asumir cargos de liderazgo dependen no solo de méritos profesiona- les, sino de redes sociales y culturales que excluyen a mujeres de sectores populares y racializadas (Atria et al., 2017; Moya y Hernández, 2014). Esto perpetúa un sistema donde las direc- toras deben superar tanto las barreras de género como las de clase, enfrentando mayores dificultades para acceder y man - tenerse en posiciones de poder en un entorno profundamen- te desigual. Estas exclusiones evidencian cómo las dinámicas interseccionales limitan sistemáticamente las trayectorias de liderazgo femenino en el ámbito educativo. En este escenario, las respuestas institucionales a las des- igualdades de género han tendido a adoptar un enfoque limi- tado. La mayoría de las iniciativas, campañas y asesorías rela- cionadas con la agenda de género operan bajo un modelo de déficit que busca arreglar a las mujeres para que se adapten a un ideal de liderazgo tradicionalmente masculino (Mandiola, 2024). Este modelo, como el feminismo neoliberal, individuali- za los problemas estructurales al desplazar la responsabilidad del cambio hacia las mujeres, ignorando las dinámicas orga- nizacionales que perpetúan las desigualdades. Como señalan Ryan y Morgenroth (2024), estas intervenciones suelen cen- trarse en fomentar la ambición o proporcionar habilidades específicas, pero al hacerlo refuerzan estereotipos de género al presentar a las mujeres como inherentemente deficientes. Tanto la teoría del déficit como el feminismo neoliberal se sustentan en una lógica individualista que invisibiliza las raí- ces estructurales de las desigualdades y refuerzan la figura del trabajador abstracto , perpetuando normas organizaciona- les que dificultan la equidad en el liderazgo educativo. Este enfoque pasa por alto que las motivaciones y ambi- ciones de las mujeres están profundamente moldeadas por
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