Liderazgo educativo y género. Miradas y realidades latinoamericanas

• 255 Carrasco Sáez, Olmo-Extremera, coords. que se potencian mutuamente, reforzando estructuras de po- der históricamente masculinizadas y racializadas. En el contexto latinoamericano, adoptar una perspectiva interseccional resulta aún más relevante debido a la persisten- cia de la colonialidad y las jerarquías raciales que continúan moldeando las oportunidades y trayectorias de las mujeres. Lugones (2007), en particular, expone cómo la colonización no solo impuso relaciones de dominación económica y polí- tica, sino también un sistema de género diferenciado, racia- lizado, que estructuró profundamente las identidades tanto de colonizadores como de colonizados. Este sistema colonial definió roles específicos que vincularon directamente género y raza con jerarquías de poder, producción y conocimiento, cuyas consecuencias se manifiestan hasta hoy. Desde esta perspectiva decolonial, resulta esencial cues- tionar cómo las jerarquías raciales, heredadas del periodo co- lonial, persisten en la distribución desigual del poder y el prestigio. En ese sentido, Viveros (2023) señala que la colonia- lidad sigue vigente en la forma en que se construyen las élites latinoamericanas, marcadas por procesos de blanqueamiento que normalizan la asociación del liderazgo con lo masculino y con determinados privilegios raciales y socioeconómicos. Así, aunque las mujeres pueden compartir una experiencia común de exclusión de género, las desigualdades no son ho- mogéneas ni universales. Por el contrario, las barreras que en- frentan varían profundamente dependiendo de cómo factores como raza, clase y género interactúan con procesos históricos específicos y contextuales (Collins y Bilge, 2019). Adoptar una perspectiva interseccional y decolonial, Por lo tanto, permite visibilizar cómo se ha limitado sistemáticamente las posibili- dades de las mujeres racializadas y provenientes de sectores populares en los espacios de poder. Esta articulación interseccional es especialmente eviden- te en el contexto chileno, donde la colonialidad se expresa en la persistencia de jerarquías marcadas por la clase social, limitando el acceso de las mujeres a posiciones de poder. Como destacan Araya-Pizarro y Rojas-Escobar (2024), muchas

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