Liderazgo educativo y género. Miradas y realidades latinoamericanas

254 • Liderazgo educativo y género Esta narrativa, como señala McRobbie (2015), se basa en el mito de tenerlo todo , una idea aspiracional que paradójica- mente refuerza la percepción de insuficiencia en las mujeres que no alcanzan este ideal. En esta línea, Hooks (2013) critica que las figuras que promueven este modelo suelen hablar des - de posiciones privilegiadas, ignorando las barreras intersec- cionales que enfrentan la mayoría de las mujeres. De forma similar, Loza (2014) sostiene que este feminismo neoliberal solo es viable para mujeres blancas y de clase media o alta, quienes disponen del capital social y económico necesario para conciliar exitosamente trabajo y familia. Esta realidad excluye a mujeres racializadas, migrantes y de sectores popu- lares, que enfrentan múltiples discriminaciones, alejándolas de dicho ideal (Penchansky, 2018). Así, lejos de promover una verdadera igualdad, esta lógica meritocrática invisibiliza los privilegios de clase y raza que estructuran el acceso diferen- cial a la realización personal y profesional. Desde esta perspectiva, es indispensable adoptar un en- foque interseccional que permita reconocer cómo género, clase y raza interactúan, generando formas particulares y di- ferenciadas de discriminación en los contextos organizacio- nales. Crenshaw (1989) acuñó este término justamente para evidenciar cómo diversas identidades sociales se entrecruzan y producen desigualdades específicas, cuestionando así las aproximaciones homogéneas a la discriminación de género. Este enfoque resulta clave porque muestra cómo las barre- ras que enfrentan las mujeres varían significativamente según su posición social, económica y racial dentro de estructuras organizacionales que reproducen privilegios y exclusiones (Rodríguez y Guenther, 2022). De este modo, la interseccio- nalidad permite develar que las experiencias laborales están moldeadas por interacciones complejas lo que genera formas particulares de discriminación, frecuentemente invisibiliza- das o ignoradas desde perspectivas más reduccionistas (Ro- dríguez y Guenther, 2022). Al mismo tiempo, esta aproxima- ción revela cómo las organizaciones educativas operan como espacios donde estas desigualdades no solo coexisten, sino

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=