Liderazgo educativo y género. Miradas y realidades latinoamericanas
248 • Liderazgo educativo y género simbólicamente relevante, las expone a formas directas e indi- rectas de acoso laboral. Según Fuentes-Valdivieso (2013), estas agresiones incluyen lenguaje sexista, burlas sobre el cuerpo, comentarios con connotaciones sexuales y miradas lascivas. Estas prácticas no solo buscan intimidar y deslegitimar a las mujeres, sino también proteger un status quo que percibe sus logros como una amenaza. El componente de género en la identidad individual aña- de una dimensión crucial a los desafíos que enfrentan las mujeres en roles de poder, ya que revela cómo las normas de género, internalizadas y culturalmente reforzadas, condicio- nan tanto su desempeño como la percepción que otros tienen de ellas en estos espacios (Clark-Saboda y Lemke, 2023). En el ámbito organizacional, el liderazgo y la administración se han construido socialmente bajo los parámetros de la mas- culinidad hegemónica, lo que genera una tensión constante para las mujeres: demostrar su competencia profesional sin transgredir las expectativas sociales que las obligan a man- tener una feminidad aceptable. Este doble desafío no solo perpetúa desigualdades estructurales, sino que también ge- nera una carga psicológica adicional, al obligarlas a gestionar cuidadosamente cómo son percibidas en un entorno que pri- vilegia actitudes y comportamientos tradicionalmente mas- culinos (Carrasco y Barraza, 2021). El paradigma de pensar gerente-pensar hombre , propuesto por Schein (2001), ejemplifica cómo los roles de liderazgo se asocian estrechamente con características tradicionalmen- te masculinas, como la autoridad, la racionalidad y la agre- sividad. En contraste, las mujeres son estereotipadas como afectuosas, empáticas y cooperativas (Moncayo y Zuluaga, 2015). La superposición entre los estereotipos masculinos y las cualidades atribuidas a los gerentes refuerza la creencia de que los hombres son inherentemente más aptos para lide- rar, mientras que las mujeres son vistas como menos idóneas para desempeñarse en estos roles (Eagly y Sczesny, 2009). Simultáneamente, las mujeres líderes enfrentan expecta- tivas contradictorias que las colocan en el rol de cuidadoras.
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