Liderazgo educativo y género. Miradas y realidades latinoamericanas

244 • Liderazgo educativo y género latinoamericanas enfrentan desafíos específicos relacionados con la conciliación de expectativas laborales y familiares, así como con la necesidad permanente de validar su capacidad para ejercer liderazgo en contextos todavía marcadamente patriarcales (Arroyo y Bush, 2021; Carrasco y Barraza, 2023). Acker (1990) define las organizaciones generizadas como es- pacios en los que las dinámicas, procesos y estructuras no son neutros al género, sino que reproducen y refuerzan el orden de género de manera explícita o implícita. Este concepto plantea que las organizaciones están profundamente moldeadas por normas masculinas que configuran las jerarquías, las relacio - nes laborales y las expectativas hacia sus integrantes. Acker (1990) identifica cinco procesos interconectados a través de los cuales las organizaciones reproducen estas dinámicas de gé- nero: divisiones de trabajo, símbolos culturales, interacciones cotidianas, identidades individuales y la lógica organizacional. La división del trabajo organiza las posiciones y funcio- nes de manera generizada, produciendo patrones de segre- gación ocupacional y desigualdad en los salarios, jerarquías y acceso al poder. Los hombres suelen ocupar las posiciones más altas en las jerarquías organizacionales, mientras que las mujeres se concentran en roles tradicionalmente feminizados, caracterizados por menor remuneración, mayor precariedad laboral y limitadas oportunidades de desarrollo profesional (Gaba, 2019). Estos patrones reflejan tanto la discriminación vertical, el techo de cristal que restringe el ascenso de las muje- res, como la discriminación horizontal que las relega a guetos ocupacionales de menor prestigio y poder. En el contexto educativo, esta dinámica se encuentra pro- fundamente arraigada en la percepción de la escuela como una extensión de las funciones domésticas de enseñanza, cui- dado y servicio (Bourdieu, 2000; Carrasco y Barraza, 2023). Este marco cultural favorece la incorporación de las mujeres en roles operativos, como la docencia, pero les dificulta acceder a posiciones de liderazgo, históricamente asociadas con ca- racterísticas masculinas (Blackmore, 2017). Bustos et al. (2015) destacan que los cargos directivos en el ámbito escolar suelen

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