Liderazgo educativo y género. Miradas y realidades latinoamericanas
• 229 Carrasco Sáez, Olmo-Extremera, coords. problemas en su conjunto, integrando a todos los actores (estudiantes, familias, docentes, contextos). Este cuidado se relaciona directamente con la capacidad de vincularse, de establecer relaciones positivas; e indirectamente, según el análisis de los relatos, con un modo de acompañar los pro- cesos de enseñanza y aprendizaje con atención a los deta- lles, velando por la pertinencia de las acciones según las necesidades detectadas (Tabla 4); b) efectividad: el lideraz- go femenino se enfoca en lograr la efectividad mediante la comunicación, el trabajo en equipo y una dirección parti- cipativa. Por ello, promueve la construcción de consensos, fomenta la escucha activa, el diálogo constante y el análisis de las situaciones desde diferentes perspectivas. Este modo de actuar el liderazgo, transitando por diversas modalidades hasta llegar a una respuesta final, encuentra sintonía con el planteamiento de Bush (2017), quien señala que, para lograr un liderazgo efectivo, es fundamental que los líderes puedan analizar cada situación y elegir la respuesta de liderazgo más apropiada según el contexto. La observación cuidadosa y la adaptación a la realidad específica de cada escuela son elementos clave en todo proceso de liderazgo, ya que, como señala Bush (2017), “no hay una única solución que se ajuste a todas las circunstancias” (p. 19). En este sentido, las carac- terísticas del liderazgo femenino contribuyen a una mejor adaptación a esas diversas “circunstancias” que se presentan en el día a día; y c) centralidad en las personas: se expresa en la dedicación concreta hacia las personas, la escucha atenta, el diálogo, reconocer las situaciones que están afectando a quienes están alrededor, compartiendo los sufrimientos y las alegrías de las personas, la cercanía con todos los miem- bros de la comunidad educativa, practicando la acogida, la disponibilidad para el encuentro y la comunicación asertiva. Como reconocen Giles y Cuellar (2017), el estilo de liderazgo actual, además de las competencias técnicas, exige desta- car los principios, creencias y valores morales, basándose en una auténtica preocupación por los demás, lo que se conoce como liderazgo ético. En este enfoque, el desarrollo inte-
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