Liderazgo educativo y género. Miradas y realidades latinoamericanas

148 • Liderazgo educativo y género González et al. (2016) argumentan que las dinámicas de go- bernanza tradicionalmente han favorecido modelos de poder basados en características culturalmente asociadas al género masculino, lo que dificulta una verdadera transformación ha - cia un sistema más equitativo. Las políticas de género en la educación superior deben enfrentar el desafío de cuestionar las normas y las jerarquías de poder que se han consolidado en la academia a lo largo del tiempo. Morley (2014) destaca que las políticas de género deben ir más allá de las reformas superficiales, buscando una reconfiguración profunda de las estructuras de poder dentro de las universidades. Esta do- ble dimensión —desafiar las estructuras de poder existentes y crear nuevas formas de representación femenina— es crucial para la creación de espacios de poder verdaderamente inclu- sivos, como lo señala Acker (2006), quien enfatiza la necesi- dad de replantear las formas de liderazgo universitario para incluir en los niveles de toma de decisiones a las mujeres. A pesar de los avances en términos de políticas de equi- dad de género, las universidades siguen siendo espacios don- de las decisiones clave son tomadas predominantemente por hombres, lo que contribuye a la reproducción de estructuras de poder desiguales. Krook y O’Brien (2012) destacan cómo, a pesar del desarrollo de políticas de igualdad, las estructuras patriarcales siguen dominando las esferas de toma de deci- siones. Las políticas de género no deben buscar solo la pari- dad numérica, sino también cuestionar las prácticas y valores subyacentes que siguen favoreciendo a los hombres en los niveles más elevados de toma de decisiones. Connell (2006) enfatiza que, aunque la paridad es un paso hacia la igualdad, es crucial cuestionar las normas de poder que siguen perpe- tuando la hegemonía masculina en el liderazgo. En este sen- tido, se necesita una revisión de las políticas y las prácticas institucionales que favorecen a los hombres y refuerzan el statu quo , como señala Chisholm (2014), quien argumenta que la transformación de estas estructuras es esencial para pro- gresar hacia una mayor equidad.

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