Liderazgo educativo y género. Miradas y realidades latinoamericanas

• 147 Carrasco Sáez, Olmo-Extremera, coords. superior, pero esta mayor presencia no tiene correlato con su acceso a roles de liderazgo. Según un análisis realizado en 9 países de la región en 2020 (Unesco-IESALC, 2020), solo 18% de las universidades públicas están dirigidas por recto- ras. Este contraste evidencia cómo las barreras estructurales y culturales continúan limitando que las mujeres participen en los niveles más elevados de decisión, perpetuando un sistema de liderazgo predominantemente masculino, incluso en un contexto donde las mujeres son mayoría en las aulas. Es más, de las 16 universidades incluidas en este estudio, únicamente una cuenta actualmente con una mujer como rectora, según la información disponible en sus páginas web a enero de 2025. A pesar de contar con estos datos, otro desafío crítico es la ausencia de estadísticas regulares y detalladas sobre la participación de las mujeres en cargos como vicerrectorías, secretarías y decanatos. Según Francesc Pedró, director de Unesco-IESALC (Cifuentes, 2021), la falta de recopilación y publicación de datos invisibiliza el problema de la desigual- dad de género en las universidades y dificulta su abordaje. Esta opacidad estadística perpetúa la exclusión femenina de los espacios de poder, limitando la capacidad de diseñar es- trategias eficaces para cerrar las brechas de género. En ese escenario, la literatura especializada subraya la im- portancia de fomentar modelos de liderazgo que reconozcan la diversidad de las experiencias y perspectivas, particularmen- te aquellas que han sido históricamente excluidas. Se debe pensar el liderazgo como una capacidad individual y también como un proceso colectivo que involucra a toda la comuni- dad educativa, creando espacios que fomenten la equidad y la cooperación entre géneros. Investigaciones recientes destacan la relevancia de políticas que promuevan la visibilidad de las mujeres en posiciones de liderazgo y desafíen las normas que arraigan las desigualdades de género dentro de las institucio- nes académicas (Baker y McNulty, 2018; Gupton y Slick, 2019). La forma en que se gobiernan las universidades influye de manera significativa en la capacidad de las instituciones para modificar o mantener las estructuras de poder vigentes.

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