Liderazgo educativo y género. Miradas y realidades latinoamericanas

• 133 Carrasco Sáez, Olmo-Extremera, coords. posiciones de liderazgo suelen implementar un enfoque co- laborativo, enfocado en fomentar la inclusión y fortalecer el empoderamiento colectivo. Según Camacho (2018) y Ochoa (2017), estas redes no solo fomentan el intercambio de cono- cimientos, sino que también ofrecen un espacio seguro para que las mujeres compartan experiencias y enfrenten juntas los desafíos estructurales. Sin embargo, también se identifican desafíos relacionados con la diversidad y el alcance de estas redes. Si bien las alianzas internas fortalecen las capacidades de gestión, es fundamen- tal que las instituciones promuevan mecanismos que amplíen estas redes hacia una mayor diversidad de actores, evitando la concentración en ciertos grupos o perspectivas. Según Co- llado (2016) y Gálvez (2013), el cambio cultural debe incluir reflexiones profundas y sensibilización entre todos los actores institucionales, integrando hombres y mujeres en un esfuerzo conjunto por superar las normas tradicionales de género. Esto asegurará que las redes sean no solo inclusivas, sino también representativas de la pluralidad necesaria para enfrentar los retos contemporáneos de las universidades. La inclusión de las mujeres en la gestión universitaria no debe limitarse a intervenciones focalizadas únicamente en ellas, sino que requiere un enfoque integral que aborde las dinámicas estructurales, culturales y organizacionales que perpetúan las desigualdades de género. Guizardi et al. (2023) sostienen que uno de los principales desafíos radica en supe - rar los enfoques androcéntricos presentes en las institucio- nes científicas y educativas. Esto implica no solo cuestionar las prácticas tradicionales que priorizan visiones masculinas del liderazgo, sino también integrar una perspectiva inclusiva que reconozca y valore la diversidad de géneros en todos los niveles de la organización. Para estos autores, las universida- des deben ir más allá de acciones temporales o dependientes de financiamiento externo e integrar la perspectiva de gé - nero en todas sus políticas y prácticas institucionales. Este compromiso requiere de un liderazgo firme que asegure la transversalización de la equidad de género en las estructuras

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