Liderazgo educativo y género. Miradas y realidades latinoamericanas
• 131 Carrasco Sáez, Olmo-Extremera, coords. de Eagly y Carli (2007), las universidades deben abordar tan- to los sesgos culturales como las brechas estructurales para permitir un liderazgo más inclusivo. Además, es fundamental que las políticas de género no se limiten a ser documentos formales, sino que se traduzcan en prácticas tangibles como horarios flexibles, servicios de apoyo y mecanismos efectivos de evaluación y seguimiento. Al respecto Collado (2016) considera que la introducción del New Public Management (NPM) en las universidades ha in- corporado principios como la competitividad, la eficiencia y la transparencia, los cuales, en teoría, podrían cuestionar las jerarquías tradicionales y favorecer la igualdad de género. Sin embargo, estos mismos mecanismos han demostrado tener efectos adversos al reforzar desigualdades preexistentes. Por ejemplo, las mujeres a menudo ubicadas en posiciones más precarias, enfrentan mayores barreras para acceder a recursos y oportunidades clave, lo que limita su capacidad de competir en un entorno centrado en métricas de rendimiento cuanti- tativo. Además, el enfoque en nuevas definiciones de “exce - lencia académica”, determinadas por criterios cuantitativos, desvía la atención de las políticas inclusivas al no abordar las desigualdades estructurales subyacentes. Otro riesgo señalado es la superficialidad de las políticas de igualdad que, bajo la presión del mercado, pueden conver- tirse en ejercicios retóricos centrados en cumplir con cuotas numéricas, sin cuestionar las dinámicas de poder que perpe- túan la inequidad. No obstante, Collado (2016) destaca que, si se integran objetivos de inclusión en los criterios de evaluación de calidad académica, la lógica del mercado podría facilitar un cambio cultural hacia la equidad de género. Para ello, las uni- versidades deben comprometerse a transformar sus prácticas y estructuras, garantizando que las políticas de igualdad no solo respondan a exigencias externas, sino que promuevan un cambio cultural real en las instituciones académicas. Los hallazgos destacan cómo los estereotipos de género perpetúan desigualdades en el ejercicio del liderazgo feme- nino en las universidades. Estos obstáculos no solo afectan a
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