Liderazgo educativo y género. Miradas y realidades latinoamericanas
• 105 Carrasco Sáez, Olmo-Extremera, coords. desigual posición de las mujeres en la academia, afectando tanto su carrera como su bienestar. En cuanto a la percepción del estilo de liderazgo, las mu- jeres en gestión universitaria a menudo ejercen un liderazgo flexible y colaborativo que desafía los modelos tradicionales masculinos. Sin embargo, esta aproximación puede percibirse como una debilidad en ciertos contextos institucionales, lo que limita el reconocimiento de su impacto. Castellanos Lla- nos (2011) destaca que este estilo de liderazgo no tradicional puede enfrentarse a resistencias culturales, lo que indica la necesidad de un cambio en la percepción institucional. Au- nado a lo anterior, se constata que existen pocos referentes femeninos. Por lo tanto, la escasez de mujeres en puestos de alta dirección genera una falta de modelos a seguir para las nuevas generaciones. También la limitación en redes de apoyo es una barrera, considerando que las mujeres tienen menos acceso a redes de mentoría que puedan ayudarlas a navegar y superar barreras. Según López y Sánchez (2009), las muje- res que lideran organizaciones universitarias han demostrado una habilidad destacable para generar cohesión social y pro- mover cambios positivos, pero necesitan de redes de apoyo más robustas para maximizar su impacto. Otro aspecto medular por considerar es la falta de políti- cas efectivas de inclusión. A pesar de que hay algunos avances incipientes, la mayoría de las instituciones carecen de po- líticas sólidas para cerrar brechas de género y fomentar un entorno inclusivo. Además, existen profundos desafíos en la implementación de diagnósticos de género. Pese a la existen- cia de herramientas para identificar brechas de género, estas no siempre se aplican de manera efectiva, en parte debido a la falta de capacitación en perspectiva de género dirigida a quienes realizan los diagnósticos. La Guía del Instituto Na- cional de las Mujeres (INAMU) y el Programa de las Nacio- nes Unidas para el Desarrollo (PNUD) (2017) proporcionan instrumentos clave para superar estas limitaciones, pero su aplicación aún enfrenta barreras institucionales.
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