Liderazgo educativo y género. Miradas y realidades latinoamericanas
El fenómeno de pensar el liderazgo como una herra- mienta para lograr objetivos particulares está estrechamente relacionado con la idea de que el interés particular puede conducir al bien común; “un mundo donde cada cual per- sigue únicamente su propio beneficio como fin supremo, es un mundo donde se instaura la guerra hobbesiana del todos contra todos, donde se convierte en norma la instrumentali- zación de los seres humanos” (Tejedor de la Iglesia, 2014, p. 49). Ello ha traído consigo modelos de liderazgo que someten y ejercen control; instrumentalización del otro y la otra. Las brechas provocadas por estos modelos de liderazgo han sido parcialmente reducidas gracias a medidas compen- satorias temporales como las acciones afirmativas, implemen - tadas en diversos ámbitos. Sin embargo, a pesar de estos es- fuerzos persiste una profunda injusticia estructural en varias áreas, siendo la educación uno de los sectores más afectados por esta inequidad. Además de que la ocupación de espacios no es garantía de que enfoques más críticos sean aplicados. Para explicar y comprender los avances en el liderazgo educativo es fundamental reconocer los logros de las luchas feministas y los aportes de las pedagogías críticas y decolo- niales. Estos movimientos han promovido que cada vez más mujeres se apropien de espacios de toma de decisiones, desa- fiando las estructuras patriarcales y generando nuevas formas de liderazgo. Gracias a estas luchas, el concepto de liderazgo ha comenzado a resignificarse, ya no se trata solo de ocupar cargos de poder, sino de transformar la manera en que en- tendemos la autoridad, la enseñanza y las relaciones entre educadores, estudiantes y comunidades. En otras palabras, “se trata de una transformación ética que garantice la igualdad en dignidad” (Reverter y Medina, 2017, p. 11). Visiones más críticas del liderazgo son esenciales si se busca lograr un impacto real en la igualdad de género. De lo contrario, el liderazgo continuará siendo percibido como una herramienta de coerción al servicio de fines individuales. La razón última del liderazgo debe ser la transformación de los territorios, impulsada por valores fundamentales como la
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