Las potencias vitales de las tierras fronterizas
99 ☼ cada paso se siente como hundirse, como si la tierra se la fuera tragando. no, quizá no como hundirse, quizá solo como un extraño aumento en la fuerza de gravedad. cada vez que levanta el pie, éste cae con más fuerza, con más peso, como si el suelo la reclamara de vuelta. hay un silencio casi total que apenas sus pesados pasos llegan a interrumpir. apenas la arena moviéndose, apenas el canto de algún pájaro que no sabe reconocer. la gravedad, el silencio. “ven”, le susurra el paisaje. “más cerca, más cerca, más cerca”. “regresa, regresa, regresa”. “conmigo, conmigo, conmigo”. la investigadora camina con esfuerzo y jadea bajo el sol. el sendero trazado para los turistas se quedó atrás hace un par de kilómetros ya, y la dirección a la que había apuntado cuando empezó a desviarse, pronto dejó de convencerla. la idea misma de dirección no sirve de mucho aquí. ha vagado un rato sin rumbo fjo, moviéndose en espirales crecientes, abarcando más terreno cada vez. pero andar sin ruta se vuelve rápidamente angustiante, así que ahora mira hacia unas mesetas que se dibujan a lo lejos. parece que pueden brindarle un poco de sombra y, más importante aún, algo de sentido. como siempre que una pone el ojo en algo con intención: entre más las ve, más parece que se alejan. aún así, insiste. por supuesto que insiste. sospecha que si se concentra únicamente en la sensación de gravedad que la jala hacia el centro de todo, perderá la noción del tiempo y del cansancio, y logrará llegar milagrosamente al sector rocoso.
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