Las potencias vitales de las tierras fronterizas

82 sar de alguna manera más o menos efciente. “A fuerza de signos arbitrarios”, como bien dice Bau- drillard, parece posible una vía de escape. Efectivamente, no hay escape de la ley en su propia esfera, ya que la misma ley contempla su transgresión (no sólo la ley escrita, sino tam- bién la ley moral); tal como no es posible esca- par del mundo en el mundo, y no es concebible algo así como un espacio fuera-del-mundo, pues este espacio estaría siendo abarcado también por lo que entendemos por mundo. La vía de escape estaría entonces “hacia dentro”, en un espacio de- limitado dentro de la esfera de la ley y del mun- do, capaz de suspenderlo y de operar bajo lógicas diferentes, que serían las del juego. Es así como, siguiendo a Baudrillard, este espacio del juego (y del ritual, y del juego como ritual), resguardado por la regla, opera bajo el orden de lo arbitrario, de lo recurrente, lo inmanente, de la obligación y del desafío, al contrario de la ley, que opera en lo necesario, en lo irreversible, lo trascendente, en la coacción y lo prohibido. La ley está hecha para (y debe) ser transgredida, y por el contrario, no tiene sentido transgredir la regla, pues el juego puede ser jugado, o bien no serlo. Simplemente se puede estar dentro o fuera del juego, transgredir- lo no tiene sentido (Baudrillard, 1981, p. 125). Con la regla estamos libres de la ley: al entregarnos al juego entramos en un espacio donde la lógica del éxito y del fracaso –en el sentido absoluto con el que se juzgan nuestras obras, ante mercados y jurados– no tiene ningún sentido. El juego, en su naturaleza cíclica, puede ser jugado varias veces, y ganar o perder sólo tiene algún signifcado en su interior, pero bajo la lógica del desafío, que es provisoria e inestable. Podríamos pensar, análo- gamente, que una investigación genuina tampoco entra en la lógica del éxito-fracaso, porque todos sus resultados son relevantes en tanto que el su- puesto “fracaso” también sería un resultado váli- do, que posibilitaría nuevas preguntas. La relación de la libertad con la regla, que a primera vista resulta algo extraño, y de nue- vo, contraintuitivo, aparece en toda su potencia si pensamos, desde la vereda opuesta, en el acto creativo supuestamente “libre” en el mundo, que opera en la esfera de la ley. La creación supuesta- mente libre de regla, o de sistema, está condenada a repetir los mandatos del mundo y de la ley, a repetir formas estandarizadas, o a entregarnos a los vaivenes de la expresión, que supone siempre expresar algo que ya existe. Como dice el teórico Francois Zourabichvili (2021), “la regla del jue- go hace posible un orden de movimiento que no existiría sin ella” (p. 65), permitiendo una suerte de transmutación de eso que ya existe en el mun- do: “Mientras que expresar es revelar, exterio- rizar algo interno, exhibir el sí mismo, la trans- mutación pretende escapar de lo que ya existe (el mundo, el sí mismo) para llegar a salir del sí mismo” (p. 62). Así, la alquimia del juego permi- te trabajar con materiales del mundo para hacer aparecer algo del mundo que no estaba aún pues- to en lenguaje, es decir, que no estaba aún puesto en obra. Incluso, algo de nosotros mismos: “todo jugar es un ser jugado . La atracción del juego, la fascinación que ejerce, consiste precisamente en que el juego se hace dueño de los jugadores” (Ga- damer, 2012, p. 149). Pero entonces, cuando hablamos de crea- ción artística, ¿hablamos exactamente de lo mis- mo que cuando hablamos de los juegos comunes y corrientes? Sí y no. Los juegos reglados, pre-exis- tentes, son distintos a los juegos inventados. El psicoanalista Donald Woods Winnicott distingue entre game y play: el game es un juego reglado de antemano, cuyas reglas son conocidas o inclu- ~ 1. Es importante aclarar que aquí Baudrillard se refere a un sentido trascendente, propio de la esfera de la ley, que es muy distinto, si no opuesto, al sentido inmanente que produciría un modelo de trabajo artístico basado en el juego, como el que proponemos.

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