Las potencias vitales de las tierras fronterizas
66 sociedad neoliberal es una forma de reunión ener- gética administrada por las nuevas redes digitales que coagulan el fujo del tiempo energético inútil. Por consiguiente, una nueva historia del arte ten- dría que enfocarse en hacer relucir, o iluminar, los acondicionamientos simbólicos donde ejercitan los seres sensibles (los y las artistas) sus renovacio- nes energéticas. Estas estrategias permitirán esta- blecer las siguientes inquietudes: ¿Quién es libre? Algunos artistas, científicos, médicos, profesores o políticos que han tenido éxito piensan que todas esas hordas de alma- ceneros, basureros, representantes comercia- les, telefonistas y empleados de call centers , ferroviarios, albañiles, cajeros, repartidores, fresadores, soldadores, revisores, encargados de manipulación, vigilantes de aparcamiento, personal de limpieza, todos ellos, se ganan la vida perdiéndola. ¿Pero cuántas veces llega- mos a casa por la noche, extenuados, para ocuparnos además de las tareas domésticas preguntándonos por qué? Y a continuación llega esta constatación terri- ble: pasamos más tiempo de nuestra vida con personas que no nos importan nada, o bastan- te poco, que no hemos elegido, que el sistema nos impone, que con aquellos que amamos, gracias a los cuales nuestra vida tiene sentido. Pienso en esa jefa de prensa de una importan- te editorial que un día descubre que su hija anda. La niñera le revela que, de hecho, hace ya varios días. Se ha perdido los primeros pa- sos de su hija. Fue la niñera quien asistió a ese momento tan importante, tan feliz. Mo- mento del que se ha visto privada a causa de su trabajo. Y el cabreo se hace incontrolable. ¿Por qué nos obligamos a esto? ¿Por qué el trabajo? (Limet, 2016, p. 15). Finalmente, habría que agregar que, a pro- pósito de esas contemplaciones sobre la vida, el acto contemplativo del arte actual debe llevar- nos a una nueva comprensión de lo observado y lo creado. Especialmente, si nuestra intención es emular al escultor puliendo un alma incalculable que contenga nuestras experiencias desbordantes (Onfray, 2000). El artista, en su énfasis ecológico, debe recuperar un tiempo en el tiempo mismo . Dar el cuerpo del tiempo, te saca de la contemplación tradicional, pasiva e imaginativa, para instalar un modo de contemplación corporal donde el cuerpo se expone al paso del tiempo. El cuerpo ingresa al tiempo, el tiempo toma cuerpo. El tiempo afecta al cuerpo poroso, lo desgasta, lo cansa, así, la vida del artista se vuelve anónima y comienza a sentirse realmente un o una igual con los demás seres vi- vientes. El ser-anónimo es uno de los efectos –y no un fn– del artista actual. Por estas mismas razo- nes, el arte debe abandonar sus ansiedades críticas al intentar, por un lado, transformar las condicio- nes simbólicas y materiales de la sociedad y, por otro lado, intentar destruir el arte mismo desde los propios sistemas del arte. De este modo, el arte Poco a poco, el arte va tomando el lugar que ha dejado la religión: un espacio donde se con- jugan piedad, consuelo y esperanza. Un arte que compensa los males de las sociedades productivas. Aunque, por lo problemático de estas refexiones, podríamos dejar para la refexión aquella inquie- tud sobre las dimensiones utilitarias del arte: ¿es lo inútil el futuro del arte? debería buscar los recursos secretos del mundo, las cosas positivas pero escondidas, los elementos de liberación que aún están a punto de nacer, que están naciendo (Badiou, 2015, p. 34).
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