Las potencias vitales de las tierras fronterizas

65 un ecosistema sensible de objetos y movimientos. El intervalo es una articulación entre una expe- riencia sensible y un medioambiente que lo sostie- ne. La experiencia del tiempo capitalista y neolibe- ral es característicamente fragmentaria, de modo que los intervalos ociosos permiten recrear un lazo temporal que teje una experiencia con otra, ausen- te en la experiencia individualista neoliberal, los intervalos no solo estructuran la percep- ción sino también la vida. Las transiciones y los cortes le confieren una orientación deter- minada, es decir, un sentido. La desaparición de los intervalos genera un espacio desorien- tado (ungerichtet) . Al no haber ningún seg- mento definido, ninguna fase puede llegar a su final ni integrarse juiciosamente en la si- guiente (Han, 2015, p. 62). la eliminación de los rituales hace sobre todo que desaparezca el tiempo específico. Los tiempos específicos se corresponden con las fases vitales. Los rituales configuran las tran- siciones esenciales en la vida. Son formas de cierre. Sin ellos, nos deslizaríamos de una fase a otra sin solución de continuidad . Así es como hoy envejecemos sin llegar a hacernos mayores (Han, 2020, p. 50). Los lugares del entretenimiento capitalista y la seducción libidinal neoliberal despliegan sus redes de poder espiritual en los intervalos que los individuos liberan dentro de su vita activa. El has- tío ante el aburrimiento hace que el capitalismo, desde una modernidad temprana, diseñe las for- mas y experiencias de consumo de <<cómo pasar el tiempo>>, <<cómo salir del aburrimiento>>. Los modos de producción del entretenimiento neoli- beral suprimen, debido a su heterología hiperbó- lica de la cultura, las repeticiones y rituales que permiten la generación de sentido, La mayoría de los artistas, desde este punto de vista, son privilegiados, ya que pueden enveje- cer con la espera en sus manos. Otra perspectiva que es bastante sugerente para repensar las prácticas artísticas actuales, son aquellas dirigidas a desarticular las bases y siste- mas de rendimiento psicopolítico donde habitan los individuos bajo el axioma capitalista. Estos sis- temas de rendimientos se expresan administrando las energías creativas de los individuos, tomando la forma del estrés . La deconstrucción de un cuer- po productivo pasa, indudablemente, en generar nuevos campos de desconcentración del estrés, en crear nuevas formas de vidas que atraviesen lo real. El arte tendría que tomar la iniciativa en crear campos de fcción, escenas de fcción. Pues, “la realidad es una construcción, pero no una cons- trucción del sujeto, sino una construcción de los defensores de la objetividad, que no pretenden otra cosa que evitar la evasión del sujeto de la realidad común del estrés” (Sloterdijk, 2017, p. 50). Así, los sistemas del arte se desbaratan para hacer prolife- rar lugares de evasión ; la evasión es ociosa porque desvía y vuelve hereje el riesgo de la vida […] el ocio se vuel- ve una estrategia de vida que se asimila a la transexualidad, o bien, al veganismo. La vida se vuelca hacia un mundo inexplorado y ex- puesto, que camina por un desfiladero cons- tante, donde se somete a una prueba eterna (Pérez Pezoa, 2022, p. 20). Si el arte es capaz de generar espacios de evasión para desconcentrar el estrés de los indi- viduos –estrés massmediático, estrés psicopolíti- co, estrés comunitario, etc.–, entonces ha podido ofrecer una experiencia contemplativa, no sólo de los objetos, sino de la materia misma del arte. Una inyección de fcción al cuerpo productivo provoca- rá una reacción imaginaria incontrolable. El arte, como sabemos, se nutre de esta dosis de éxtasis. La

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