Las potencias vitales de las tierras fronterizas

63 formación que lo modelan. Esto quiere decir, que el arte crea futuro no anticipándose mediante la algoritmización de los acontecimientos y prácticas artísticas, sino, fomentando espacios de habitabi- lidad temporal, justo cuando el tiempo del capital neutraliza toda experiencia heterogénea del tiem- po y el espacio. Por eso no habría que ver un neo- conservadurismo en la recuperación de los tiem- pos de ocio, porque el ‘futuro’ del capital no es más que un tiempo vacío. En otras palabras, el capital opera en la fexibilidad de las ocupaciones huma- nas, cuando éstas descansan. El arte ofrece futuro, porque libera al tiempo de las ataduras axiomáticas del capital . Es sugerente detenernos en aquellas defni- ciones que nos guían en una mayor comprensión sobre el ocio y el cansancio, como elementos fun- dacionales de las prácticas artísticas y flosófcas, pero, a la vez, como experiencias de igualdad que marcan las ocupaciones y las vidas cotidianas de los seres vivientes. El ocio habría que compren- derlo, de manera general, como una experiencia lejana al onanismo burgués o los pasatiempos im- puestos por diversos modos de entretenimiento capitalistas y seducciones libidinales neolibera- les. En cambio, el ocio es la liberación del tiem- po diagramado por las lógicas del capital, que se insubordina a la experiencia temporal estricta- mente individual y productiva; es aquel tiempo donde la nada se vuelve sustancial, e iniciamos la trayectoria autónoma del tiempo para dedicarse y cansarse en uno o una –siempre junto con otro o con otra– inútilmente ( cf. Pérez Pezoa, 2020, 2022; Pieper, 2017). El ocio, al mismo tiempo, se constituye ancestralmente, en torno a un reparto temporal de las ocupaciones, es decir, en la rela- ción entre justicia, tiempo y existencia: Hay gente cuyo presente está situado den- tro del tiempo de los acontecimientos que pueden ocurrir –el tiempo de la acción y de sus fines, que es también el tiempo del cono- cimiento y el ocio; en resumidas cuentas, el tiempo de aquellos que tienen tiempo y que, por esa razón, son llamados hombres activos. Y hay gente que vive en el presente de las co- sas que simplemente suceden, una después de otra, gente que vive en el tiempo restrictivo y repetitivo de la producción y la reproducción de la vida; en resumidas cuentas, en el tiempo de aquellos que no tienen tiempo: esos hom- bres son llamados pasivos, no porque no ha- gan nada, sino porque reciben pasivamente el tiempo, sin disfrutar ni los fines de la acción ni el tiempo de ocio que es un fin en sí mis- mo. De esta forma, la racionalidad causal de la vinculación temporal entre acontecimientos está atada a una distribución jerárquica de las temporalidades, que es una distribución de formas de vida (Rancière, 2018, p. 14). El arte, por lo mismo, como otredad del trabajo (es decir, el neg-otium ), aparece como un espacio donde las ocupaciones se transfguran o desidentifcan, cuya relación entre tiempo, justicia y existencia, se suspende, y quiénes eran pasivos ante el paso del tiempo, se toman el tiempo . Esto es lo que podríamos comprender, a la vez, como una ‘ecología del tiempo’, es decir, el arte entendi- do como ecosistema donde lo prioritario no son las obras o intervenciones de arte, sino el testimonio y las articulaciones entre lo sensible y lo inteligible, las reuniones entre la materia y lo pensado, donde cada uno y cada una se toma el tiempo de esas re- uniones, de esas articulaciones. En la flosofía, por ejemplo, ocurre el mismo fenómeno: la flosofía es la dimensión experimental del pensamiento que logra desligarse de las programaciones de la mente y la existencia. Por lo mismo, tanto el arte como la flosofía se encuentran diseñadas por la misma materia ociosa. Sus diferencias históricas son más bien producto de las diversas percepciones y po- líticas de la modernidad que de alguna supuesta distancia en sus quehaceres. Ahora bien, una ‘ecología del tiempo’ exige la recuperación de determinados espacios, de de-

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