Las potencias vitales de las tierras fronterizas

32 La condición biomédica de indetectable que propician las pastillas aporta al fortalecimien- to inmunológico del cuerpo, a la vez que impide la continuidad expansiva del virus y su afección a ese mismo sistema inmunitario, por ende, a la (im)po- sibilidad mortuoria involucrada. Es por esto que para los activismos seropositivos es importante la educación en torno a la ecuación 'indetectable = intransmisible'. Un cuerpo indetectable no forma parte del terror químico de la infección. La píldo- ra, en ese sentido, es tiempo, un fragmento mate- rial que te aleja de una posible muerte asociada a las causas del VIH/sida y te acerca a una renovada relación con la vida. Entonces, ¿qué hacemos con el tiempo que nos otorga la pastilla? La condición material del tiempo, alojada en la píldora, reduce la categoría de universalidad de la misma a una composición química específca y concreta que es manipulada por las individualidades seroposi- tivas. El desplazamiento hacia un futuro y pasado se posibilita en la movilidad tonal de los poderes construidos por los aparatos tecnofarmacoló- gicos. La ciencia y la flosofía han tratado de ex- plicar los devenires del tiempo en una linealidad progresiva, la cual se ve fracturada en el ejercicio de futuridad que ya no es ni un aquí ni un ahora, sino una multiplicidad de temporalidades que se entrecruzan para construir un presente que es a la vez pasado y futuro. De este modo, resonamos con las afectividades colectivizadas en la historia sidaria, trasladándose hacia los archivos y regis- tros de lo acontecido para ver y situarnos más allá del presente, a la vez que reinventamos fcciones posibles de un mundo químico. La píldora, es nuestro dispositivo de activación que permite la manipulación y el reconocimiento ampliado del tiempo en cada una de las ingestas, así nos sabe- mos parte de la historia, de un colectivo, de una población que ha vivido, muerto y vivirá con VIH en la sangre. El presente confgurado por una línea tem- poral minoritaria está atravesado por las corpo- ralidades medicalizadas, cuestiona la noción de futuro como aquello en que deviene el mundo regido por la progresión (sanitaria) del tiempo a modo lineal de existencia, o como argumentaría Muñoz (2020), “esta noción de futuro en el pre- sente es invocar una noción refuncionalizada de la utopía al servicio de la política de la subalternidad” (p. 106). El cuerpo químico es una revolución mo- lecular, un proyecto desestabilizador que se basa en la utilización del aparato tecnocientífco de la píldora como viajante del tiempo y removedor de las memorias del sida, para tenerlas con nosotrxs aquí, en la ternura del abrazo viral. Así, la píldora es historia, memoria, archivo, utopía, revolución y posibilidad. Los cuerpos químicos confguramos tiem- pos, nos creamos en la copresencia y en la mágica alquímica del cuerpo-virus-pastilla, reverberando vitalidad y refundando amores insurrectos que parten con la declaración del fujo viral a nues- tras aguas primigenias, creando nuevas cate- gorías de relacionamiento, deseo y afectividad, para poner el cuerpo en la acción y hacer de este tiempo un virus. Imagen 8. Video proyección perfoconferencia

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