Las potencias vitales de las tierras fronterizas

30 nes vitales que ha emergido con lo químico, a los saberes de su experiencia, a los afectos que está proyectando/sintiendo. Tal como diría Juan Pablo Sutherland (2021): Los cuerpos químicos ya no disputan su sanidad o inmunidad como un estatuto de limpie- za e higienismo, se caen fuera, diría Sutherland, y están en constante vínculo de ingesta molecu- lar para reconstruir su pulsión vital que se dirige hacia una hipercorporalización, un cuerpo más allá del cuerpo. Son deseo, potencia, lengua, ór- gano, extremidad, fujo, ya no es la aguja médica penetrándome para leer, es mi lengua saborean- do la pulsión vital de la píldora. Y aquella relación se vuelve danza, movimiento, palpitación, sudor, desborde e insistencia para conectar con otras sensibilidades. Lo metodológico de la creación artística abre un trayecto para un cuerpo contem- poráneo que está mediado por aparatos tecnoló- gicos que lo vuelven un cuerpo de estos tiempos, un cuerpo compuesto, un cuerpo sintético. La po- tencia de sensibilidad química proporciona una articulación sintético-compuesta , que no respon- de a un esencialismo identitario ni a categorías fjas, sino a un fujo de movimiento constante de Las retóricas que rodean al cuerpo se ubican en un campo de acción enorme. Somos parte de una hipercorporalización, el cuerpo marica responde a la acción performativa del habla médica, en ese horizonte disciplinario me fugo en mis autonomías corporales, me caigo fue- ra de la norma, fuera de la familia, fuera del hospital, fuera de una política normalizadora. Me vuelvo genéticamente imposible de leer. Mi ADN se disuelve, escapo, tomo los medi- camentos y dejo otros, me inyecto y vuelvo a cambiar las toxinas de mi cuerpo, regenero fluidos y tensiono mi cuerpo-mercado en un cuerpo-deseo-farmacopolítico (p. 271). reinvención y retroalimentaciones provenientes de las auto-experimentaciones y prácticas artís- ticas. Nelly Richard (2018) manifestaría que en estas realizaciones aparecen “cuerpos sin conti- nuidad ni integridad orgánica: unos cuerpos cuyas uniones y desuniones de restos bastardos hablan de una identidad no natural (no dada) sino que artifcial (compuesta) , no unifcada sino que di- seminada, no permanente ni defnitiva sino que fuctuante y reversible” (p. 289). De esta manera, la condición móvil de la potencia de sensibilidad química está abierta y deseante a los tráfcos afectivos que se inmiscuyen en las ingestas de píldoras, en aquellos vínculos multitemporales de las luchas históricas en torno al VIH/sida, a la relación con los deseos sexuales, a la eroticidad de la muerte, a la pulsión vital y colectiva de un reconfguración corporal, de todo ello se inventa una metodología de creación. Ale- jándose de lo dado , natural y esencial del cuerpo, y acercándose a una identifcación con el virus como proceso, tonalidad y persistencia relacional, donde se vuelve a signifcar el cuerpo. EL TIEMPO ES NUESTRO VIRUS Afrmar la potencia de un cuerpo químico es atender al romance desajustado con la medica- ción, en tanto desvío de las líneas progresivas del neoliberalismo contemporáneo, y así dar paso a una agitación de la materialidad poética-política situada en las corporalidades seropositivas, como un agente sintético dentro del contexto discursi- vo local y relacional. De esta manera, proponer composiciones artifciales que no solo inventan metodologías experimentales para la creación artística, sino un modo de construcción de sensi- bilidades inorgánicas que estaría en la relación di- recta de aquel gesto viral politizado y comunicado, generando vínculos que desborden las retóricas catastrófcas del VIH/sida. Para ser más especí- fcx, considero que los frascos y pastillas son una reverberación del cuerpo seropositivo dentro de la

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