Las potencias vitales de las tierras fronterizas

235 acople de los cuerpos que se susurran. No sólo nos permitió situarnos y jugar con la proméxica, sino que tuvo agencia propia en la dimensión so- nora de la performance, la reverberación de las voces podría ser considerada una tercera voz en esta yuxtaposición. Por último, la escucha del registro sonoro del ejercicio cambiaba la experiencia de escucha en comparación con la performance. Algunes co- mentaron que las cualidades del audio reforza- ron el carácter onírico del texto. Con audífonos, la distancia física que confguraba la escena del ejercicio se vive de otra forma. En la creación po- demos jugar con las distancias, con la sensación de espacio y deformarla. LA MEMORIA DEL RUIDO FANTASMAL El laboratorio ciertamente nos promueve interrogantes. Introduce una perspectiva a cues- tionar que tilda de “no-voz” al susurro en su cua- lidad muda o ruidosa, que niega así el espectro irracional de la voz en su defnición, pues la en- cierra en su función inteligible. Pero, ¿acaso nues- tra voz no contiene nuestra sensibilidad, emoción y memoria? Al relegar el susurro a la “ausencia” de la voz, se reniega de fragmentos de nuestra existencia. Porque cada instante en que sonamos guarda consigo información de quiénes somos y de nuestro entorno, de nuestro contexto e histo- ria. Aquellos eventos en que nuestro sonido se modifca por las circunstancias y nos hacen su- surrar, contemplan diversas formas de expresión que pueden ir desde el miedo al deseo. Puede con- tener ternura, erotismo, complicidad, lujuria. Un susurro puede reducir la proxémica de dos o más cuerpos, tanto así como tensarlo por completo. Es capaz de generar complicidad o aberración. Un susurro puede contener un secreto, algo prohibi- do o algo que se prefera mantener oculto a otros oídos. Discutimos sobre el rol de la intencionali- dad al susurrar, tratando de visualizar si acaso es ella la que moldea esta “no-voz” en mayor o me- nor medida inconscientemente. Pues observamos este fenómeno como algo que nos acontece física y vocalmente, que a su vez guarda un potencial de conectar con nuestra interioridad, con nuestras sombras y pasiones. Esta dicotomía entre lo que es la voz y lo que no es, basada en principios tan técnicos, pri- van de un aspecto estético que apareció a modo de canciones, sueños, preguntas y narraciones en los ejercicios del taller. Tal vez no cumplían una función comunicativa tan racional, mas dejó en- trever recuerdos de infancia en la música que oí- mos en la radio hace décadas como es el caso del ejercicio de Lautaro, Sofía y Paola que interpretan una versión de “La gata bajo la lluvia” en una at- mósfera removedora. Cada quien puede vincular un recuerdo específco a aquella melodía que se afrma en este “ruido fantasmal” que suena de- trás, ahogándose. (Escuchar Primera Persona) . En este tren- zado de voces que comienzan al mismo tiempo, el susurro va quedando atrás. Como un recuerdo que no puede evitar quedarse en el pasado y que lucha por llegar hasta el presente y quedarse en el cuerpo, pero necesita más aire. Esta voz agó- nica, a momentos imperceptible, le sigue como sombra al relato; como el fantasma que no des- cansa y repite las palabras queriendo aparecer desde la penumbra. ¿UN SONIDO MUY BAJO Y CALMO? Durante el estallido social o revuelta po- pular nuestras voces se alzaron contra las innu- merables injusticias y el descontento se gritaba a toda garganta. Con el correr de las semanas fue- ron emergiendo variadas sensibilidades e ideas de cómo ocupar la voz, entre ellas, se comenzó a gestar la imagen de un objeto que sirviera como amplifcador de la voz. Con un grupo, nos con- tactamos con el artista sonoro Lukas Kühne para solicitar la plantilla de un artefacto con el que po- dríamos amplifcar la voz, al cual denominamos

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