Las potencias vitales de las tierras fronterizas

221 orgánicos y artifciales, que en su dimensión físi- ca singular podían derivar de intra-acciones an- teriores (tanto de sus propios transcursos como del proyecto “Cruces en la diferencia” ), devinieron ontológicamente en agentes de un mismo proceso mediante las relaciones que establecieron -cóm- plices o disonantes- durante el laboratorio. La vi- talidad de las semillas, ramas y otros elementos recogidos se expresó a través de sus olores, tex- turas, pesos, colores, tamaños, sonoridades o re- sistencias afectados por -o reactivos a- la presión, sudor, ruido o movilidad de la biología humana, o al estímulo de los programas informáticos, elec- tricidad, cables, plásticos y componentes metáli- cos de los actuadores. Al mismo tiempo, las accio- nes, metáforas, imágenes, emociones o estados de ánimo humanos fueron energía propulsora y resultado a la vez de aquellos cruces, igual que el reconocimiento o almacenamiento de datos, la conexión, desconexión, tracción o empuje desde los sensores, controladores y motores. En defni- tiva, la afectación cruzada entre sujetos volitivos y no-sujetos produjo heterogéneas relaciones de ensamblaje que perturbaron la intencionalidad de los primeros, distribuyendo la agencia en múl- tiples focos. Por supuesto, el diseño y performatividad global del laboratorio respondió a la voluntad humana, pero en rigor se constituyó como una confguración de trabajo a partir de los poderes activos de todas las cosas descritas, cuyas agen- cias co-emergieron en el devenir ramifcado e incierto de sus interferencias (como “materia vi- brante” diría Bennet, 2022). Es decir, alimentado de la disonancia, la ramifcación, la traducción y la emergencia como latencias (ya descritas) de su modo de producción, el fujo creativo del labora- torio tendió a funcionar de modo abierto, a tra- vés de actos y contactos realizados o frustrados, de conexiones directas o soslayadas, de acciones posibles antes que siempre cumplidas, de lugares potenciales antes que siempre habitados; funcio- nó a través de operaciones que visibilizaron los pequeños saltos, vaivenes o juegos de nivel ener- gético y temporal; a través de la exposición de -y experimentación con- diversos patrones; y aten- diendo los sistemas de referencia y horizontes se- mióticos específcos de las entidades implicadas (Moratti y Catani, 2019, p. 26). De esa manera, el fujo creativo prestó atención al proceso de di- ferenciación (como producción y trabajo con lo distinto, lo múltiple y lo generativo), por sobre lo consecutivo o lo mimético, favoreciendo una for- ma de colaboración interdisciplinar que se apro- ximara a una práctica difractiva. ~ 3. “Intra-acciones son hechos causales no arbitrarios y no determinísticos a través de los cuales la materia-en-el-pro- ceso-de-devenir es iterativamente envuelta en su continua materialización diferencial; esta dinámica no está marcada por un parámetro exterior llamado tiempo ni tampoco tiene lugar en un contenedor llamado espacio, sino que más bien las intra-acciones iterativas son las dinámicas a través de las cuales la temporalidad y espacialidad son producidas e itera- tivamente reconfguradas en la materialización del fenómeno y la (re)creación de los límites material-discursivos y sus exclusiones constitutivas” (Barad, 2007, p. 234). 4. Para Deleuze, se trata de la constelación de relaciones que establecen los heterogéneos componentes de un fenómeno natural, social o inorgánico, irreductible a ellos (es más que la suma de las partes) pero sí descomponible en ellos para anali- zarlos, y que se forma a través de procesos de codifcación (au- to-organización en una forma), estratifcación (jerarquización consiguiente en la forma) y territorialización (ordenamiento de sus componentes) (Deleuze y Guattari, 2004).

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