Las potencias vitales de las tierras fronterizas
133 exceso, la geografía del desborde. Paradojalmente: me pareció bello, distinto, nunca visto: mi cuerpo albergaba nuevos lenguajes. Hubiese preferido que no se tratara de mi cuerpo. Pero ahí estaba, mi voz coreográfca que se exponía a compartirse, a exhi- bir lo que odiaba, un lenguaje prohibido, clandesti- no, excluido de la escena. El año 2020 le propuse a la compositora Eleonora Coloma, y las bailarinas Francisca Es- pinoza y Paula Sacur, realizar una investigación/ creación sobre este tema. A causa de la pandemia pudimos iniciar los ensayos en el año 2022. El pro- yecto se llamó: Remover lo que se mueve: micropo- lítica y disidencias , y fue fnanciado por un fondo CREART de la Dirección de Creación Artística, Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile. En el proceso presenté al equipo lo que lla- mé “disparadores”: células performáticas autobio- gráfcas que encarnaban vivencias de una gorda en su cotidiano. A ello se sumaba la interseccionali- dad de ser gorda, ser bailarina, ser académica, no haber bailado por años en escena y querer salir del closet opresor del “fuera de borde”. A partir de relatos corporales escenifcados, aparecieron la ingesta desmedida, el uso de la faja, el conficto de la exposición en traje de baño, las estrategias para bajar de peso, los miedos que afo- ran en la intimidad con una pareja, los temores en mi relación con los hombres, el baile de la grasa y otras vivencias que experimentan quienes rebasan los contornos de un cuerpo hegemónico. A partir de ellos se confgura una cartogra- fía de temas que emergen del encarnar un cuerpo gordo y sus representaciones culturales. Invité a la artista visual Valentina Inostro- za y a la actriz Francisca Hono, mis compañeras activistas gordas, a intercambiar saberes y expe- riencias con nosotras. Aunque en términos de me- todología de práctica artística como investigación hay mucho que compartir, el sello fundamental fue la sororidad. El reconocernos entre mujeres en determinadas opresiones de género, y el constatar que siempre creímos que era por “nuestra culpa”. La gordura es también una disidencia que no ha sido visibilizada. En palabras de Aranda: Deseo con ahínco encontrar nuevas formas de ser y estar gorda sin que me persiga ese halo de vergüenza e inferioridad, porque incluso frente a compañeras feministas, lesbianas, trans, queer, pobres o racializadas a veces se siente como si la gordura no fuera una opre- sión importante a desmontar (Aranda, 2021, p. 231). La culpa y la vergüenza de ser gorda se re- plica en lasmujeres por ser bajas, crespas, morenas o narigonas, o lo que sea que profundice la creen- cia de que no “damos la talla”, porque no somos lo sufciente homogéneas o parecidas entre nosotras a un ideal de belleza, o más bien al ideal de belleza occidental heterocapitalista. Agradezco a cada una de estas mujeres por su acogedora atención, retro- alimentación y cálido acompañamiento. Debido a la pandemia el proyecto se propu- so como la realización de una obra de videodanza, la cual se encuentra en su proceso de edición. En este contexto, la convocatoria del en- cuentro de creación e investigación, Las potencias vitales de las tierras fronterizas , me pareció un pre-texto pertinente para poder hacer mi salida del clóset. Se proponía además una línea temática que me interpelaba: “Dis-locación de perspectivas y políticas. Potencia del desacuerdo para el reco- nocimiento de nuestras contradicciones, confron- taciones y complicidades”. La palabra que más me resonó en esta invitación fue complicidades . Agregaría: complicidades feministas. Como sos- tiene Aranda, “las feministas gordas tenemos una doble tarea: rastrear a las mujeres en la historia, reclamar nuestro lugar en ella y además, apuntar la opresión colateral auspiciada por el rechazo so- cial a nuestro cuerpo gordo” (Aranda, 2021, p. 224).
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